ENTREVISTAS Y RESEÑAS AL AUTOR
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Fernando Báez
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ENTREVISTAS
Y RESEÑAS INTERNACIONALES
El Mundo, España
Luis Antonio de Villena


Su impresión fue (es) desoladora. Y de esa destrucción de la que apenas se ha hablado (las bibliotecas y los museos de Iraq) arranca en buena medida este libro, corto para su enorme propósito, que se lee entre el sobresalto, la estupefacción y las ganas de saber más (Fernando Báez ha hecho un tomo, digamos sintético) pero con enorme agilidad entre un saber amplísimo que podría haber sido más extenso. Pongamos un caso español. Al aragonés Miguel Servet (humanista pleno de saberes y autor de tratados teológicos en latín, que lo convirtieron en hereje múltiple; él y sus libros fueron destruidos y quemados) se le dedican dos páginas. ¿Cuánto se podría escribir sobre Servet o Nostradamus y sus Centurias (no comparo a uno y otro) al que sólo se dedica media página? Esto puede parecer un apunte negativo, y no lo es. Si el profesor Báez hubiese desarrollado todo el material que hay en su libro habría hecho una suerte de Historia universal de la infamia (aunque ocuparía varios tomos como el libro de Borges, que es pequeño y de relatos), la enciclopedia del horror humano.

En su plural historia de los biblioclastas (los destructores de libros) parte de la siguiente base: Hay cientos de crónicas sobre el origen del libro y de las bibliotecas, pero no existe una sola historia sobre su destrucción. ¿No es ésta una ausencia sospechosa? Y luego, entre otras (John Milton, Elias Canetti, George Orwell) trae a cuento unas palabras del ya citado Borges, ¿cómo no mentarlo hablando de libros y de bibliotecas? Cada tantos siglos hay que quemar la biblioteca de Alejandría... Sólo que el interregno parece mucho más corto.

Fernando Báez nos propone (antes de entrar en la historia de la destrucción propiamente dicha) cuáles pueden ser las razones del destructor. Razones de poder casi siempre: abolir la memoria, ya que el patrimonio es el recuerdo del padre. Deshacer el origen. Deshacer la pluralidad, deshacer la disidencia. Pero otras más raras veces, hay razones egoístas, vanidosas. Descartes pidió a los lectores de su método quemar los libros antiguos. Los vanguardistas también quisieron destruir todo lo anterior. Si lo mío es lo nuevo o lo mío es la verdad (la Biblia, el Corán) ¿para qué existe el resto?

Las primeras bibliotecas se crea-ron en Sumer y en Babilonia (tablillas de arcilla, con caracteres cuneiformes) unos 4.000 años antes de Cristo. Las primeras bibliotecas también se destruyeron entonces. Y en un terrible juego de opuestos, singularmente humano, la destrucción (y la creación) no han cesado. Conjeturar cuánto se ha perdido parece sencillamente espeluznante. ¿Cuántos libros antiguos (y autores) se perdieron al caer Constantinopla? Ya he dicho que las bibliotecas del actual Iraq (ante la pasividad de los invasores, dice el autor) están destruidas o más que diezmadas. Y en el ataque a las Torres Gemelas ardieron muchos libros, sobre todo de economía. Pero asómbrense, porque hasta el inocuo Harry Potter ha sido ya pasto de las llamas intolerantes. En diciembre de 2001, al sur de los Estados Unidos, el pastor Jack Brod y su grupo fanático quemó ejemplares de la novela de J. K. Rowling porque su héroe estimulaba el aprendizaje de sortilegios y hechicerías.

La Biblioteca de Alejandría (bastante destruida ya por los cristianos cuando la remataron los árabes), las bibliotecas árabes y judías de la España medieval, las terribles destrucciones de la Inquisición europea y española, el bibliocausto nazi, las bibliotecas bombardeadas en la Segunda Guerra Mundial... hasta Sarajevo, Cuba, Chechenia, Palestina, Irak otra vez, cerrando el círculo siniestro de devastación y fuego. ¿Dónde quedarse? ¿Qué horror preferir sobre todos? Shi Hundai, emperador de China, San Pablo y Almanzor alentaron la quema de libros. Durante la dictadura de Videla (en Argentina, a fines del año 1976) un grupo de fanáticos quemó ejemplares de El principito de Antoine Saint-Exupery, porque (a su entender) negaba valores tradicionales. La misma hoguera sirvió para acabar con obras impuras de Mario Vargas Llosa, Pablo Neruda y Gabriel García Márquez...

Fernando Báez nos dice que sobre el cien por cien de los libros destruidos, sólo (como máximo) el cuarenta por ciento se han destruido por causas naturales: terremotos, incendios, inundaciones u hongos, que es gran amenaza de muchos libros hoy y mañana, dependiendo en alta medida del papel en que se han impreso. El sesenta por ciento de los libros destruidos (pero consideremos que muchos incendios son provocados) lo han sido por mano y voluntad del hombre. Siempre el Poder que no admite más verdad que la propia y las religiones monoteístas que, en ese sentido, se vuelven otra manera de Poder. Es curioso que la Iglesia, que tantos libros salvó en los monasterios medievales, haya también (a lo largo de los siglos) destruido tantísimos otros. O semidestruido, a veces. Yo he visto en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca obras de Erasmo de Rotterdam censuradas. Páginas cortadas y párrafos tachados, pero tachados con virulencia tal que la fiebre de la mano censora hacía que el plumín atravesara literalmente la página.

Tras la biblioclastia siempre hay (de un sesgo u otro) intolerancia. Por eso (por la intolerancia, que se viste de violencia) este libro terrible, amenísimo y perfectamente prolongable, empieza en las tablillas sumerias (los primeros libros) y acaba con los libros electrónicos (que también son destruidos) y con esa rara paradoja terrorista del libro-bomba. El libro (objeto de ciencia, de placer, de comunicación, de apertura mental) se vuelve arma destructora. Es terriblemente trágico que fuera una novela tan suntuosa y hedonista como Il piacere de Gabrielle Anunnzio (el tomo que contenía la bomba que le llegó por fortuna sin consecuencias a Romano Prodi, en diciembre del pasado 2003).

Libro saturado de datos, de saber y de interrogantes, Historia universal de la destrucción de los libros es un texto magnífico y claro, que nos deja con sed de más (insisto, de cada capítulo saldría otro libro) y con el terrible y pavoroso temblor que produce ver (constatar) la barbarie humana. Nuestro cielo y nuestro infierno, incesantes.


   
 
Die Berliner Literaturkritik, 09.03.04
Alemania

Geschichte der vernichteten Bücher
von Fernando Báez

Der Venezolaner Fernando Báez hat eine Geschichte über die Büchervernichtung geschrieben. In "Historia universal de la destrucción de los libros" verarbeite er auch eigene Erfahrungen als Mitglied der Kommission, die die kulturellen Verluste des Iraks im Zuge des jüngsten Krieges untersuchte, informiert Luis Antonio de Villena in "El cultural".

Die Geschichte ende paradoxerweise vorerst dort, wo sie beginne in dem Land zwischen Euphrat und Tigris: Babylon, Sumer, Irak. Dazwischen liegen die Zerstörungen der Bibliothek von Alexandria durch die Christen, die Vertreibung der Juden und Moslems aus Spanien samt ihrer Bücher, der "Bibliocaust" der Nazis, die Bombardierung von Bibliotheken im zweiten Weltkrieg und die Vernichtung von Büchern in Sarajewo, Kuba, Tschetschenien...Der Autor frage nach den Gründen, die hauptsächlich in Machtkämpfen, aber auch in persönlichen Eitelkeiten und Egoismen zu suchen seien. Er berücksichtige jedoch auch den natürlichen Verfallsprozess des Papiers.

Die quellengesättigte Studie biete eine Unmenge von Zahlen, Wissen und werfe viele Fragen auf. Dabei sei das weit greifende Thema in erstaunlicher Prägnanz und Kürze behandelt. Schockierend, aber auch verblüffend beschreibe der Autor eine menschliche Barbarei. "Unser Himmel und unsere Hölle, unaufhörlich", zieht der Rezensent ein düsteres Fazit.


El UNIVERSAL, MEXICO
Intelectuales, los peores enemigos del libro: Báez


El autor venezolano publica un estudio sobre la destrucción de volúmenes, que abarca desde "las tablillas sumerias a la guerra de Irak", por órdenes de dictaduras

Juan Solís
El Universal
Martes 28 de septiembre de 2004





Los insectos, el fuego, el agua, el tiempo, han contribuido en una u otra medida a la destrucción de millones de libros a lo largo de la historia. Sin embargo, al buscar al mayor enemigo que han tenido los libros a lo largo de su historia, Fernando Báez no duda en señalar a los intelectuales.

"El 60 por ciento de los desastres bibliográficos han sido intencionales. No eran bárbaros, ignorantes o gente inculta los mayores quemadores de libros, sino intelectuales, que han estado detrás de las grandes dictaduras que queman libros. En el 213 a.C., el emperador chino Shi Huandi, asesorado por el filósofo Li Si, mandó quemar los libros del pasado y los autores fueron enviados a construir la muralla china".

Los ejemplos abundan. Cuenta Báez que en mayo de 1933 los nazis quemaron libros incitados por el filólogo Joseph Goebbels. Uno de los maestros que apoyó la medida, ejecutada por los mejores alumnos de las universidades, fue Martin Heidegger.

El autor venezolano, considerado una autoridad en la historia de las bibliotecas, dedicó 12 años de su vida a documentar la destrucción de documentos. El resultado es el tomo Historia universal de la destrucción de los libros. De las tablillas sumerias a la guerra de Irak , que publica Debate en su colección Arena Abierta.

De pequeño, Báez presenció la inundación de la biblioteca de su pueblo natal, San Félix de Guayana, en el oriente de Venezuela, la cual resguardaba ejemplares del primer periódico de su país: El correo del Orinoco . "En la destrucción de ese archivo queda marcada mi vida. Este libro no es otra cosa que la respuesta que he intentado darle a ese gran enigma, a ese gran dolor de la infancia. Fueron 14 borradores y 12 años de trabajo".

Báez trabaja en la actualidad en el Centro Mundial de Estudios Árabes, donde prepara una base de datos mundial del Patrimonio Cultural Destruido que será presentada a la ONU en diciembre del año entrante. En 2003 visitó Irak para presenciar la destrucción, "en nombre de la democracia", del patrimonio cultural de ese país.

A decir del investigador, Estados Unidos violó la carta de La Haya, de 1954, en la que se establece que en caso de conflicto deben respetarse los símbolos culturales de las naciones ocupadas, además de los protocolos de 1999 con relación al tráfico ilícito de arte.

"De alguna manera el régimen de George W. Bush actuó como los nazis. En un deseo de transculturización premeditó las acciones. No es un descuido la destrucción cultural de ese país. Esta es la subestimación que tiene Estados Unidos por el resto de las culturas del planeta".

En su calidad de representante del Centro Mundial de Estudios Árabes, Báez advierte a la administración Bush que la ocupación y la reconstrucción de Irak es ilegítima.

"El saqueo de abril de 2003 va a tener consecuencias penales los próximos años. No me extrañaría que el Josseph Goebbels de la administración Bush, Donald Rumsfeld, termine en los tribunales internacionales respondiendo por el delito de memoricidio contra todo un pueblo".


LA NACION, ARGENTINA
La historia que cuenta la muerte de los libros
Por Susana Reinoso

De las formas diversas que puede adoptar la muerte, la destrucción de los libros es una de las más constantes en la historia universal.

Por estos meses el ensayista venezolano Fernando Báez se ha convertido en noticia en México, a raíz de la presentación de su notable obra "Historia universal de la destrucción de los libros", que en España editó recientemente Debate, y a la que LA NACION accedió por gentileza de la agencia literaria Guillermo Schavelzon y Asociados.

Báez ha dedicado su vida a estudiar los sistemáticos ensayos de "aniquilación" de la memoria que constituyen la razón última de la quema de libros y la destrucción de bibliotecas cada vez que una guerra o una dictadura extermina la vida y la cultura en algún lugar del planeta. Su pasión por los libros nació casi por necesidad: cuando era un niño se crió prácticamente en una biblioteca municipal, mientras sus padres trabajaban. Pero los libros de su infancia fueron devastados por una inundación.

El libro que Editorial Sudamericana publicará en la Argentina en 2005 recorre con extraordinaria minuciosidad desde la desaparición de las tablillas sumerias en el mundo antiguo, pasando por la Inquisición y las conquistas, hasta la destrucción de más de un millón de libros y diez millones de documentos de la Biblioteca Nacional de Irak, ocurrida el 14 de abril de 2003 como consecuencia de la guerra.

Recoge el autor testimonios vivos tanto de la destrucción de la Biblioteca Nacional de Irak como de la que tuvo lugar en 1992 en Sarajevo. Y las voces de bibliotecarios, estudiantes e historiadores que fueron testigos de esa devastación resultan conmovedoras a la hora de describir qué siente el alma de un hombre frente a la desaparición de su historia y su memoria.

"Yo quería llorar, gritar, pero me quedé arrodillado, con las manos en la cabeza. Vi una columna de humo y los papeles volando por todas partes. Toda mi vida tendré esta carga de recordar cómo quemaron la Biblioteca Nacional de Sarajevo." Es el testimonio de uno de los bibliotecarios de esa institución que vio "morir" entre las llamas un millón y medio de volúmenes, 155.000 obras raras y 478 manuscritos.

"¿Por qué el hombre destruye tantos libros? Nuestra memoria ya no existe. La cuna de la civilización ha sido quemada. Sólo quedan cenizas." Un profesor de historia medieval murmuró este comentario a Báez en Bagdad, a poco del saqueo de la Biblioteca Nacional.

Báez se ocupó recientemente de la Argentina al mencionar que durante la última dictadura militar hubo "un verdadero desastre en materia de libros" con la destrucción, por ejemplo, de los publicados por el Centro Editor de América Latina.

Para el ensayista venezolano, en América latina las viejas formas de destrucción de libros "han sido sustituidas hoy por la desidia de los gobiernos por la cultura y las bibliotecas y, en las democracias, con bajos presupuestos que están acabando con bibliotecas enteras".

En un intento por explicar lo inexplicable, Báez dice que los libros dan volumen a la memoria humana y quienes los destruyen buscan sustituir la memoria del otro por la propia.

La reflexión inicial del libro exime de más palabras: "Allí donde queman libros, acaban quemando hombres".

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/646821



LA VANGUARDIA, MEXICO
Fin de siglo: La soledad del fuego
Por Jesús R. Cedillo


SALTILLO, COAH. OCTUBRE 10, 2004 (VANGUARDIA).- Los poetas -quién no lo sabe?- son esencialmente profetas. Amén de lo anterior, son santos. Emparentados con los dioses, abrevan de sus palabras y de su lenguaje, lo hacen suyo y terminan por quitar el velo (revelan) de las cosas y los hechos, haciendo un mundo más asequible al común de los mortales, que somos todos aquellos que jamás seremos poetas (aunque este columnista lo intenta todos los días de su vida).

Lo anterior viene a cuento por un verso devastador, que acabo de subrayar en el libro Almansor del poeta alemán Heinrich Heine. A la letra, el verso señala lapidario: Allí donde queman libros, acaban quemando hombres. Por su parte, el pensador R.W. Emerson, escribirÌa en sus Essays: “Cada libro quemado ilumina el mundo”. La memoria no miente y los crímenes retan acusadores: desde la antiguedad griega hasta el mundo islámico, desde los códices prehispánicos arrojados al fuego en el período colonial o bien, hasta la destrucción nazi de miles de libro judíos; todo, todo es una realidad aterradora: la destrucción de los libros y de los seres humanos es una constante en el devenir de la humanidad. Y esto lo confirma desgraciadamente el investigador Fernando Báez en una obra de proporciones centáuricas titulada: Historia universal de la destrucción de los libros.

Fernando Baez es venezolano. Formó parte de distintas comisiones de investigación sobre los daños al patrimonio cultural de Irak. Obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Vintila Horia por su obra Historia de la antigua biblioteca de Alejandría. Considerado una autoridad mundial en el campo de la historia de las bibliotecas, visitó Irak en el año 2003, como miembro de las distintas comisiones que investigaban la destrucción de bibliotecas y museos en esa nación. Báez forma parte del Centro Internacional de Estudios Arabes y asesora a distintos gobiernos sobre la destrucción de bienes culturales. Por sus blasones envidiables, las conclusiones y reportes del escritor e investigador venezolano son al mismo tiempo dignos de fiar y desgraciadamente, se erigen como una guía de signos devastadores de los apocalipticos tiempos que se viven.

La monumental obra de Báez está escindida en tres grandes apartados que hablan de la destrucción de los libros desde el mundo antiguo hasta nuestros dÌas. Por razones de espacio y debido a lo candente y actual del tema, el investigador dedica el último capÌtulo de su monumental obra a realizar una crónica pormenorizada de los libros destruidos en Irak por la guerra que aún se libra en aquella agobiada región de nuestro planeta.

El escritor así narra el estado de cosas que encontró en Bagdad y el infierno de los días previos a la destrucción, saqueo e incendio de la Biblioteca Nacional de Bagdad: “El dÌa 10 de mayo de 2003, visité la sede devastada de la Biblioteca Nacional de Bagdad, llamada en árabe Dar al-Kutub Wal-Watha. Iba ya prevenido por mis colegas, claro, pero lo que averigué y lo que vi, vale la pena advertirlo, me produjo insomnio durante las noches siguientes. Hubiera sido mejor, tal vez, olvidar, pero he descubierto que uno olvida para que todo, de nuevo, lo sorprenda. Las trampas de la razón son las más arteras. Se quemó 1.000.000 de libros, a lo que debe añadirse la gran cantidad de textos perdidos. La biblioteca, además de ocuparse del depósito legal, constaba de tres partes: impresos, periódicos y archivos. La entrada del Archivo Nacional muestra los signos de una quema terrible y el destrozo de todo lo que existía en su interior.

En una crónica que ya se ha hecho célebre y que dio la vuelta al mundo, el periodista inglés Robert Fisk sería testigo directo de la barbarie y del saqueo y destrucción no de simples libros, sino que sería testigo de la destrucción de la memoria de un pueblo y aún de la humanidad misma, por la magnitud de la pérdida: Ayer se produjo la quema de libros. Primero llegaron los saqueadores, después los incendiarios. Fue el último capítulo en el saqueo de Bagdad. La Biblioteca Nacional y el Archivo Nacional, un tesoro de valor incalculable de documentos históricos otomanos, incluyendo los antiguos archivos reales de Irak, se convirtió en cenizas a 3.000 grados de temperatura, y las tropas estadounidenses no hicieron nada. Todo volaba sobre el patio mugriento. Y las tropas estadunidense no hicieron nada: la identidad cultural de Irak se ha borrado. ¿Por qué?, ¿quién prendió el fuego? ¿Con qué demente finalidad se ha destruido toda esta herencia?

La palabra escrita, se sabe desde las épocas más remotas, es un arma mortífera, de aquí entonces que los libros se destruyan, se quemen, se archiven, se oculten y trate de borrase cualquier vestigio y lectura de éstos, lectura que sin duda contribuye a hacer libres a los hombres.

Báez recoge en su crónica dos exclamaciones que retratan perfectamente la posición antagónica de las partes en conflicto en Irak. Cuando concluyó el pillaje y no había literalmente nada que hacer, el Secretario de Defensa de Estados Unidos comentó que la gente libre es libre de cometer fechorias y eso no puede impedirse. El Director de la Biblioteca de Bagdad espetaría por su parte: No recuerdo semejante barbaridad desde los tiempos de los mongoles.

El poeta Heine, con voz profética, tenia razón cuando escribió que, donde se queman libros, acaban quemando hombres.



     
   
ENTREVISTAS
PRENSA LIBRE, GUATEMALA
21 DE MARZO DE 2004

Entrevista con Fernando Báez
Escritor venezolano, Premio Internacional de Ensayo Vintila Horia
Por: Pablo Gámez


Me temo que tiende a incrementarse la destrucción de libros. En la Biblioteca de Alejandría se perdieron miles. Pero los nazis destruyeron más de 100 millones

Revolcando las aguas de un pasado ausente y olvidado, Fernando Báez despierta las pesadillas que nos recuerdan una constante de nuestro presente y advierte sobre la sombra que pende sobre el futuro de la humanidad.

Porque la que ha escrito es una de las crónicas más completas sobre la violencia y el horror de un ser humano ocupado en borrar y abolir su memoria, tratándose de un macabro ejercicio purificador que se mece en el péndulo de la creación y la destrucción.

Con un inicio ubicado en Sumer y Babilonia, la Historia universal de la destrucción de los libros es el resultado de una investigación de doce años en la que Báez expone una devastación sistemática de libros y bibliotecas a lo largo de cincuenta cinco siglos.

El último capítulo de su libro lo dedica al caso reciente de Irak y lo califica como el memoricidio que inaugura el siglo XXI. Lo llamativo es que el primer capítulo de esta Historia universal de la destrucción de libros inicia en Sumer. ¿Es más la paradoja que la correspondencia histórica?

Las paradojas de la historia siempre suelen estar debajo de sus correspondencias. Debo confesarle que el hecho de que mi libro comience en Súmer y culmine en Iraq, es algo que no deja de inquietarme.

Tal vez se trate de un símbolo cuyas raíces más profundas son un indicio de la barbarie que nos depara el porvenir.

Usted reproduce una crónica de Robert Fisk cuando escribe que "con la destrucción de las antigüedades en el Museo Arqueológico Nacional y la quema del Archivo Nacional y después de la Biblioteca Coránica, la identidad cultural de Irak se ha borrado". ¿Concuerda con Borges cuando decía que quemar el pasado es renovar el presente?

Borges dice, en "El Congreso", que cada tantos siglos hay que quemar la biblioteca de Alejandría.

Su observación nos recuerda que la destrucción de libros suele ser ritual y responde, la mayor parte de las veces, a los rasgos de un rito donde el objetivo es purificar a una comunidad de las ideas nocivas de unos libros y al mismo tiempo asegurar la continuidad de las propias ideas.

Shi Huandi, el primer emperador chino, quemó en 213 a.C. todos los libros que aludían al pasado porque pretendía una sociedad unificada, ajena al pasado feudal.

De aquí que cada cultura de la totalidad repudia la totalidad de cada cultura. ¿Es también el caso de la guerra de Irak?

Por supuesto. En mi próximo libro, titulado "La destrucción cultural de Iraq. Un testimonio de posguerra" y que será editado pronto en España por Octaedro, resumo muchos de los detalles que, por razones de síntesis, no pude precisar en esta historia de los libros destruidos. Uno de esos aspectos se refiere a la forma en que ha operado la destrucción de la cultura iraquí.

Tras la invasión al país, la administración de George Bush permitió los saqueos y las hogueras de libros como parte de un plan premeditado de transculturización.

Es cierto que el petróleo fue el objetivo primordial del ataque, asegurar el control de la segunda reserva petrolera del mundo, pero para que ese esfuerzo se concretara era necesario desarticular la identidad del pueblo iraquí, provocar su desmoralización, con el propósito de establecer procesos de reeducación que permitan mayor control y actitudes más proclives a aceptar la privatización y cualquier otra medida que beneficie a Estados Unidos.

Hoy no hay bibliotecas abiertas en Iraq, no hay museos abiertos, y no los habrá hasta tanto la CPA (Coalition Provisional Authority) logre controlar toda la infraestructura cultural y acabar con la disidencia.

Todo bibliotecario rebelde ha sido destituido o detenido. No hay textos para estudiar en las universidades iraquies, y los alumnos o profesores disidentes son destituidos. Una verdadera tragedia.

¿A la luz de lo acontecido en Irak se puede concluir que la proporción, magnitud y escala de destrucción de libros es mayor en la medida en que transcurren los siglos?

Me temo que tiende a incrementarse la destrucción de libros. En la Biblioteca de Alejandría se perdieron miles de libros. Pero los nazis destruyeron más de 100 millones de libros.

Los aliados, al bombardear Alemania, destruyeron millones de obras.

Los serbios destruyeron millones de libros y ahora en Iraq al menos un millón de libros se quemó sólo en la Biblioteca Nacional de Bagdad.

Y, según me informaron algunas fuentes, los radicales islámicos consideran seriamente la posibilidad de destruir en los próximos años la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. El panorama es aterrador.

En una de sus reflexiones llega usted a decir que el libro da volumen a la memoria humana y que un libro se destruye con ánimo de aniquilar la memoria que encierra, es decir, el patrimonio de ideas de una cultura entera. ¿De aquí su convencimiento que el libro no es destruido como objeto físico sino como vínculo con la memoria?

Yo creo que nadie odia un papel, un pergamino, o la encuadernación de un libro. Lo que se odia es su contenido.

Lo que se ataca es la memoria que transmite. Irónicamente, y ha sido mi descubrimiento, casi siempre se queman libros en nombre de otro libro, ya sea la Biblia, el Corán o algún texto al que se asigne una trascendencia superior.

Y lo peor es que los más peligrosos biblioclastas de la humanidad han sido los hombres más cultos. Platón quemó libros, Nabokov quemó el Quijote, los nazis que quemaron libros eran filólogos y filósofos.

¿Podría tenerse como una certeza que la Historia universal de la destrucción de libros supone, al mismo tiempo, una historia universal de desprendimientos y rompimientos por parte del ser humano con respecto de su pasado, memoria y recuerdo?

Es correcto. La palabra "memoria" proviene de «memor-oris», que viene a ser «el que recuerda.».

Entonces hay que decir que cuando se destruye un libro se destruye así "lo que recuerda algo" que no conviene ser recordado.

Y a su vez me gustaría insistir en que "recuerdo" etimológicamente quiere decir "lo que alude al corazón", de tal manera que aniquilar la memoria de un pueblo es una forma de asestar un golpe directo al corazón de su cultura.

¿Esta quema constante y sistemática del pasado y renovación del presente nos da pie para considerar que existe realmente una teoría sobre la destrucción de libros?

Yo creo que sí. Después de doce años de estudio del tema, creo que la destrucción de libros se inscribe dentro de una visión que responde a la necesidad de reafirmación de una cultura sobre otra.

Los frailes que destruyeron los códices de los mayas suplantaban su identidad. Y hay varios métodos para imponer ese valor, bien por la destrucción directa o indirecta, la censura, el olvido o la omisión.

Muchos libros han desaparecido por un cambio de gusto, por un cambio de lengua, en fin.

¿Por qué razón el fuego ha sido el factor dominante en las destrucciones de los libros?

Pienso que el fuego ha sido el instrumento de la purificación en casi todas las culturas, desde el mazdeísmo hasta los aztecas. El hombre concibe el infierno como un depósito de fuego para el castigo.

Asimismo usa el fuego para destruir libros porque es el mejor modo de convertir literalmente una idea en cenizas. Un hombre puede haber pasado su vida escribiendo un libro muy valioso, pero unos minutos de fuego lo reducen por completo.

La literatura, por su parte, ha puesto en evidencia la fascinación que produce el fuego.

Elías Canetti, en 1935, condenó a su personaje de Auto de Fe a morir quemado con toda su biblioteca.

La frase final señaló: «Cuando por fin las llamas lo alcanzaron, se echó a reír a carcajadas como jamás en su vida había reído.» En 1953, Ray Bradbury imaginó en Farenheit 451 un futuro en el que un cuerpo de bomberos se encargaba de quemar los libros para evitar que perturbaran la ortodoxia del sistema imperante.

¿Percibe que con los siglos ha variado en algo el carácter dogmático del destructor del libro?

Los dogmas han cambiado, pero no los dogmáticos. Los biblioclastas son paranoicos que sufren ante la posibilidad de que su dogma sea cuestionado, criticado o sustituido.

También son dogmáticos porque son intolerantes, porque no discuten, porque su concepción del mundo es uniforme, irrefutable, un absoluto de naturaleza autosuficiente, atemporal, basada en la revelación.

Esos biblioclastas pueden ser incluso demócratas: los libros de Protágoras los quemaron los demócratas atenienses.

Cada época, cada tiempo, ha tenido un bibliocausto. ¿Pero fue el de los nazis el mayor de todos como máquina de terror y persecución?

Indudablemente que el Bibliocausto ha sido un hito terrible para la cultura. Es el equivalente del Holocausto. Primero se quemaron libros, y luego se quemaron hombres, tal como había predicho Heinrich Heine.

¿Si desde hace 55 siglos se destruyen libros y apenas se conocen las razones, por qué se ha ignorado sistemáticamente la escritura de esta historia?

Resulta extraño en verdad que nadie hubiera escrito la historia de la destrucción de libros antes.

Hay historias parciales, que han aparecido en inglés y francés o alemán, pero mi libro abarca todos los períodos y también presenta las destrucciones de libros por accidentes, por negligencia, por causas naturales (como insectos) o catástrofes.

En el fondo, creo que era un tema tabú que reservaba sorpresas que mucha gente no quería conocer: ahora sabemos que mientras en Estados Unidos se repudiaba la quema de los libros de los nazis, en New York se destruía el Ulises de James Joyce.

Mientras en Estados Unidos se combatió la censura cultural de los soviéticos, en Los Ángeles se quemaban los libros de tendencia comunista.

¿Está convencido que todo esfuerzo de razonar ante el horror es inútil y equívoco?

Sospecho que es así. Decía Aristóteles que la filosofía nace en el asombro. Pero hay que fijarse que después de Auschwitz, Vietnam y Sarajevo, los filósofos están en silencio.

Escritor venezolano

Fernando Báez, Premio Internacional de Ensayo "Vintila Horia".

Ha sido traducido a 12 idiomas y es colaborador de periódicos y revistas de 18 países. Autor, entre otros, de "La ortodoxia de los herejes" (2002), "Todo el sol de las sombras" (2002), "Historia de la Antigua Biblioteca de Alejandría" (2003) y en 2004 ha publicado "Historia Universal de la destrucción de libros" en la Editorial Destino.

Tradujo la Poética y los fragmentos de Aristóteles.

Ha participado en distintas comisiones que investigan la destrucción de bibliotecas en Iraq y hoy en día forma parte del comité del Centro internacional de Estudios Árabes así como de diversos grupos que contribuyen a la reconstrucción cultural de esa nación.



REVISTA SIEMPRE, MEXICO,
OCTUBRE DE 2004

Fernando Báez/Escritor venezolano

Bush ensayó en Afganistán e Irak la destrucción de Irán

Por: Antonio Cerda Ardura


Si Cuba tuviera petróleo, probablemente ya habría sido invadida por los Estados Unidos, asegura a Siempre! el escritor venezolano Fernando Báez, quien indica que para el gobierno de George W. Bush era fundamental ponerle las manos a la segunda reserva petrolera del mundo, que es la de Irak.

Reconocido como uno de los mayores expertos internacionales en el tema de bibliotecas destruidas, Báez acaba de publicar en España La destrucción cultural de Irak. Un testimonio de posguerra (Flor del Viento-Octaedro) y, en México, Historia universal de la destrucción de los libros. De las tablillas sumerias a la guerra de Irak (Debate). En esas obras hace un recuento del crimen perpetrado contra la memoria de la humanidad que descansa en los libros, particularmente durante los ataques norteamericanos contra el pueblo que avasallaba Saddam Hussein.

Miembro del Centro Internacional de Estudios Arabes y asesor de distintos gobiernos sobre destrucción de bienes culturales, Báez advierte en entrevista que con el proceso canalla que ha establecido Bush, y que lo llevó a atacar la cuna de la civilización, “no se va a salvar nadie”. También señala que las guerras contra Afganistán e Irak han sido simples ensayos para un proyecto mayor de transculturización en todo el Medio Oriente, cuyo próximo objetivo es la destrucción de Irán.

Memoricidio en Irak

Antonio Cerda Ardura.- Estados Unidos, país que lo ha declarado persona non grata, comenzó al revés de la frase de Heinrich Heine (“Allí donde queman libros, acaban quemando hombres”). Bush primero quemó hombres y luego libros. Irak recuerda, con la debida proporción, la Conquista de México.

Fernando Báez.- Esa frase de Heine fue profética, porque el Bibliocausto fue el preludio del Holocausto, no solamente en la actuación de los nazis, el 10 de mayo de 1933, sino durante toda la historia de la humanidad. Quienes quemaron los códices mayas y aztecas, también arrasaron con esos pueblos en nombre de un libro o de una religión. ¡Y no lo hicieron bárbaros e ignorantes, sino hombres cultísimos! Zumárraga era un hombre de gran erudición y Diego de Landa era, incluso, un erudito. Esto lo vemos en la actualidad, cuando la democracia más representativa del planeta va y destruye los libros de Irak, que no tenía aquellas armas de destrucción masiva de las que se hablaba. Acabaron con sus libros e, irónicamente, ahora están destruyendo a ese pueblo de una forma consecuente y sistemática, arrasándolo por completo. Al contrario de lo que se ventila en muchos medios de comunicación, Irak sufre un memoricidio similar al que sufrieron Serbia, Sarajevo y muchos otros pueblos. ¡Es terrible!

A.C.A.- Parece que la cultura iraquí era un objetivo militar de Estados Unidos.

F.B.- La administración Bush ha actuado con premeditación. En el fondo está presente el tema de la transculturización, que fue lo que descubrí en Irak. Al principio, yo, como mucha gente, pensé que la destrucción cultural era sólo por un acto de saqueo, producto del descontrol popular. Y resultó que no: en los días anteriores, los Estados Unidos habían instigado, a través de folletos que se lanzaron desde aviones, a destruir símbolos políticos. No olvidemos que las bibliotecas y museos eran símbolos políticos del partido Baas, que apoyaba a Hussein. Además, no tomaron las precauciones para proteger los bienes culturales de Irak, violando así la Convención de La Haya de 1954, que establece que el país ocupante debe velar por el patrimonio cultural de la nación ocupada.

Es obvio que todo se hizo con mala fe. Por eso, he acusado al secretario de la Defensa, Ronald Rumsfield, de ser el Joseph Goebbels del régimen de Bush. Eso quizás fue lo que me valió, precisamente, la distinción de persona non grata por parte de Washington.

A.C.A.- ¿Por qué no han actuado organismos como la UNESCO, o a Bush no se le juzga no sólo por genocidio, sino por destruir las raíces de una nación?

F.B.- Sospecho, y lo digo a título personal, que los Estados Unidos han neutralizado a los organismos internacionales que tienen competencia para juzgarlos. Recordará que Estados Unidos reingresó a la UNESCO, después de haberla abandonado en la época de Ronald Reagan, cuando la acusaron de ser una organización de tendencias comunistas. Ahora han comenzado con la política de persecución y neutralización de asesores que les son incómodos, como ocurrió en la ONU.

Personalmente presenté ante la UNESCO un informe sobre la destrucción cultural en los diez mil asentamientos arqueológicos que tiene Irak, que están siendo saqueados no sólo por bandas internacionales de tráfico de arte, sino por los soldados, que están llevándose recuerdos a sus casas o para resolver sus vidas con alguna tablilla u objeto memorable de la cultura sumeria. Estoy seguro que este informe debe estar bloqueado y vetado por Washington, al igual que el informe del investigador Hans Blicks (inspector de armas de la ONU), quien terminó denunciando la cantidad de presiones que sufrió por haber dicho una verdad que hoy es completamente tajante: no había armas de destrucción masiva en Irak. Todo esto es lamentable, como lo digo en La destrucción cultural de Irak Un testimonio de posguerra. ¡Reina una total impunidad!

A.C.A.- Usted cuenta que cuando visitó Irak pidió a unos oficiales estadunidenses que actuaran para evitar el saqueo, pero se quedaron impasibles.

F.B.- Es cierto. Dijeron que eran soldados, no policías, y que no podían intervenir. Sin embargo, eso no los exime de las penas que estarían incluidas en la Convención de La Haya de 1954. ¡Y Bush ya había sido advertido! Uno de los asesores culturales de la Casa Blanca, Martin Sullivan, lo había dicho. El Instituto Oriental de Chicago elaboró, incluso, las listas de todos los bienes que debían ser protegidos en museos y bibliotecas. Y ocurrió todo lo contrario: actualmente no hay una biblioteca abierta en Irak y los estudiantes están sin libros de texto. Los museos están al borde del desastre, porque nadie se atreve a abrirlos debido a las posibilidades de atentados. Estados Unidos no puede garantizar en este momento la protección de los bienes culturales iraquíes, ya que su política de división y sus errores han conducido a una fragmentación muy particular de ese país. ¡Hay una especie de palestinización de Irak!

A.C.A.- Bush es una persona mesiánica. Ha dicho que Dios lo guía. ¿Cómo ponerle un alto? ¿Qué ocurrirá si cumple otro periodo como presidente?

F.B.- Mi demanda sería hacia el propio pueblo estadunidense, que tiene en sus manos una gran oportunidad para cambiar las cosas. Músicos como Bruce Springsteen, o intelectuales como Paul Auster, han salido ya a las calles para tratar de crear una reflexión. El pueblo estadunidense tiene una responsabilidad, no solamente pensando en el futuro de su democracia, sino del mundo entero, porque la elección de noviembre no va a ser sólo para los próximos años, sino para lo que pueden significar la propia supervivencia y seguridad de su país. El desastre en el que el régimen de Bush ha convertido al Medio Oriente, va a provocar en los años por venir una era de terror sin precedentes.

A.C.A.- Todo esto recuerda el libro 1984, de George Orwell: el Estado hegemónico, totalitario, represor y censor.

F.B.- Es correcto. Estamos viendo cosas aterradoras: en lugar de atacar el analfabetismo y a los problemas educativos, democráticos y básicos, con respeto a la idiosincrasia del mundo árabe, se está atacando con las armas equivocadas. Es decir: a través de la presión, la eliminación selectiva de personas, o con el propio genocidio, como en el caso de Irak. Allí las mujeres están siendo violadas por los soldados, que gozan de impunidad; la cultura ha sido destruida y no existe ninguna condición para un juicio. Todo esto está creando la semilla de un porvenir negro y atroz.

En lo personal, soy poco optimista: si Bush sigue en el poder, estará en riesgo no sólo el futuro de Estados Unidos, sino del mundo. Es un hombre que procede de la parte más negativa del pensamiento norteamericano, que es el neoconservadurismo, representado por hombres como Paul Wolfowitz (funcionario de la Secretaría de la Defensa), que de alguna manera sostienen las teorías que en el pasado quisieron crear la Guerra de las Galaxias, o que en la actualidad han propugnado por el esquema de Guerra Preventiva, incluso mucho antes de que Al Qaeda atacara Nueva York y Washington. ¡Ellos ya tenían pensado invadir Irak! ¡No olvidemos que se trata de la segunda reserva petrolera del mundo y ponerle las manos era fundamental! Si Cuba tuviera petróleo, probablemente ya habría sido invadida.

Nadie se salva

A.C.A.- ¿A qué nos va a llevar esta forma de transculturización?

F.B.- Irak es un símbolo. Contiene la tradición histórica de la civilización occidental. Allí nacieron la escritura, el libro y la fe y nos pertenece a todos. El hecho de que haya sido atacado, a mí me resulta un símbolo de que cualquiera puede ser tocado. ¡No se va a salvar nadie! En este proceso canalla que ha establecido el régimen de Bush, Irak y Afganistán han sido sólo un ensayo para atacar al verdadero enemigo de Estados Unidos, que es Irán. Son el ensayo para un proyecto mayor de transculturización de todo el Medio Oriente.



EL PERIODICO, BARCELONA, ESPAÑA

FERNANDO BÁEZ >> HISTORIADOR
"Rumsfeld es el Goebbels del régimen de Bush"

• Acusa a Estados Unidos de la destrucción calculada de los fondos bibliográficos iraquís

Por Elena Hevia

San Félix de Guayana (Venezuela), 1963
Autoridad mundial en historia de las bibliotecas

Un libro es un objeto que da cuerpo y razón a la memoria de los hombres. Por eso, la destrucción de un volumen implica un daño mucho más hondo que esa --en apariencia-- simple acción. Si Borges pobló sus libros de tigres y laberintos, Fernando Báez, experto en patrimonio cultural, ha llevado a sus páginas todos los libros desaparecidos en el mundo. Es una autoridad en esa materia y así lo explica en su último libro La destrucción cultural de Irak (Flor del viento), su testimonio a pie de obra.

--¿Su primer libro perdido?
--Fue toda una biblioteca. Nací y crecí a orillas de aquel río que inspiró a Julio Verne la novela El soberbio Orinoco. Mi padre era un abogado honesto y por eso estaba en el paro. Mi madre trabajaba de sol a sol en una mercería y mí me dejaban todo el día en la biblioteca municipal.

--Curiosa guardería.
--Era un paraíso. A veces, incluso, llegaba a dormir allí. Hice en ella mis primeros amigos: Stevenson, Salgari y Verne, por supuesto. Pero un mal día, todo ese mundo desapareció...

--¿Qué ocurrió?
--Una crecida del Orinoco destruyó la biblioteca. Creo que toda mi vida se ha regido por el deseo de justificar ese episodio, que por eso me convertí en un experto en la materia. Mi Historia universal de la destrucción de libros tardó 12 años en gestarse.

--¿Por qué se destruye un libro?
--No porque se odie el color de sus páginas o su encuadernación. La quema de libros es universal.

--Los nazis lo hicieron.
--Y antes fue la Inquisición. Pero sí, ponemos como antecedente a los nazis y no recordamos que en esas mismas fechas los norteamericanos hacían lo mismo con el Ulises, de Joyce, que ahora cumple 100 años. La gente odia lo que el libro representa, su aniquilación es un intento de socavar la memoria del otro, porque el mundo en todas las culturas se divide en nosotros y ellos.

--¿Qué le llevó a Irak?
--Las mismas razones que me llevaron a investigar los daños en la destrucción de la Biblioteca Nacional de Sarajevo. Algunas personalidades del sistema interuniversitario me pidieron que me desplazara a Bagdad cuando la guerra había acabado oficialmente para documentar frente a la Unesco la destrucción cultural que allí se había producido. Mi experiencia fue muy controvertida.

--Quizá no hizo lo que se esperaba de usted.
--Creí que querían saber la verdad, pero me di cuenta de que las autoridades norteamericanas sólo deseaban hacer informes y sepultarlos en un cajón. Cuando decidí publicar los resultados en diarios como The Times, Le Monde y The New York Times se organizó un gran revuelo.

--Cuantifíqueme la destrucción.
--Se quemaron un millón de libros en la Biblioteca Nacional de Bagdad, entre ellos primeros ejemplares de Averroes, Avicena, de Las mil y una noches. Pero no sólo se quemó esa biblioteca, también se destruyeron la de la Universidad de Basora, la del Museo de Mosul, los libros de Kirkuk, la antigua Nínive.

--Estamos hablando de la cuna de la civilización.
--Esos libros son los verdaderos iniciadores de la civilización occidental. El nivel de destrucción ha sido de tal magnitud que aún no ha terminado, los más de 10.000 asentamientos arqueológicos siguen siendo saqueados.

--¿Por quienes?
--Los soldados de las tropas de la coalición que debieran estar cuidando esos objetos los están robando y vendiendo en Qatar o se los llevan a sus países durante sus vacaciones. El mercado de coleccionista está saturado de objetos de arte iraquí.

--¿Quién es el responsable de este expolio?
--Estados Unidos. Yo acuso a Ronald Rumsfeld de ser el Joseph Goebbels del régimen de George Bush. Su equipo había recibido asesoramiento por parte de especialistas con listas muy detalladas de los lugares que debían ser protegidos.

--Y les hicieron caso omiso.
--Se ignoraron e incluso se alentó al saqueo de bienes culturales porque Sadam había fomentado el estudio de la arqueología y el desarrollo de las bibliotecas.

--Un bárbaro culto.
--Como muchos déspotas tenía una gran debilidad por la cultura. Lo que no deja de ser un tema de reflexión.

--Está usted hablando de destrucción sistematizada.
--Desgraciadamente es así. Quizá sea ése el remate de esa democracia bárbara. Estados Unidos ha intentado transculturizar al pueblo iraquí de una manera deliberada. En los anales del siglo XXI quedará como el gran memoricio de esta época y augura unos tiempos terribles.


AGENCIA FRANCE PRESS
La destrucción de libros en el mundo: un ritual que se repitió en Irak


Surya Palacios
AFP


Desde la desaparición de los acervos de Alejandría, la quema de textos en la Alemania nazi, y los recientes saqueos en la biblioteca de Irak, el ser humano no ha dejado de practicar un ritual macabro: la destrucción de libros, según un volumen presentado esta semana en México.

La idea es del escritor venezolano Fernando Báez, quien en 386 páginas narra "La historia universal de la destrucción de los libros" (Mondadori), que detalla la forma en la que han desaparecido los más importantes acervos históricos del mundo, incluyendo "el desastre más reciente de la guerra en Irak".

"He acusado a Donald Rumsfeld (secretario de Defensa norteamericano), de ser el Joseph Goebbels (ministro de propaganda de Hitler) del señor (George W.) Bush", dijo a la AFP Fernando Báez.

Radicado en Barcelona, España, este escritor de 41 años ha sido declarado "persona non grata" en Estados Unidos, un adjetivo que dice, le enorgullece, porque implicó la cancelación de su visa para viajar a ese país.

"Por decir estas cosas a mi se me impide el ingreso a Estados Unidos, lo cual yo lo tomo como una forma de homenaje", argumenta. Según Báez, la intervención norteamericana en Irak "ha dejado el vergonzoso saldo de un millón de libros quemados", y el saqueo de al menos 10.000 asentamientos arqueológicos, con los que Estados Unidos "impone nuevas condiciones para transculturizar a ese país".

Los libros "le dan volumen a la memoria humana, por tanto, quienes los destruyen lo hacen para sustituir la memoria del otro por la suya, (...) esto hicieron los norteamericanos en abril de 2003: para decretar el olvido del pasado del Islam, decidieron destruir la cultura de Irak", apuntó Fernando Báez.

La Convención de la Haya de 1954 "es determinante, la nación que ocupa debe proteger los bienes culturales del país ocupado como principio legal ineludible, no tengo ninguna duda de que Estados Unidos premeditó la destrucción cultural de Irak", agrega.


En "La historia universal de la destrucción de los libros", Fernando Báez hace un recuento del saqueo en la biblioteca de Irak, un inmueble de tres pisos construido en 1977 en Bagdad, cuya segunda planta albergaba el Archivo general de esa nación.

Además de los libros de la biblioteca, "desaparecieron 10 millones de documentos, incluso algunos del período otomano, como registros y decretos", precisa el escritor.

Los saqueos "no sólo los hicieron personas de manera espontánea, la mayor parte los realizaron grandes bandas de tráfico ilícito de arte, porque manuscritos muy particulares fueron robados, piezas muy específicas fueron robadas, esas bandas del crimen organizado naturalmente ya tenían referencia de que esos lugares iban a estar desprotegidos", dice Fernando Báez.

Además de lo sucedido en Irak, este escritor venezolano compendia otras importantes destrucciones de libros a lo largo de la historia del mundo, incluyendo la desaparición de la biblioteca de Babilonia, en el año 2000 antes de Cristo, la quema de papiros secretos en Egipto (1237 AC), y la desaparición del Arca de la Alianza y las Tablas de la Ley de Israel, en lo que se refiere al mundo antiguo.

Antes de llegar a los "bibliocaustos" de los siglos XX y XXI, como denomina a las más recientes destrucciones de libros, Fernando Báez repasa la historia de los textos perdidos en Constantinopla, los códices indígenas quemados en México, y la censura ejercida por la Iglesia católica a través de la Inquisición.

Writer criticizes plans for capital 'megalibrary'


The planned facility, said to be the most important cultural project undertaken by the Fox administration, would serve as the center for the nation's 6,500 public libraries.


CABLE NEWS, USA

Venezuelan essayist Fernando Baez criticized the Mexican government's plans to create a huge public library in downtown Mexico City, noting that the Fox administration has failed to support those already open in smaller towns.

"They want to carry out these huge projects, a pipe dream that arises every now and then, but the libraries that are closer to the people have been abandoned," Baez told EFE during an interview in Mexico City.

Baez said Latin American countries in general have a way of dealing with culture and reading that concentrates resources on flashy projects that do not benefit the majority of the people.

"Mexico is an example that is close at hand. They're considering building a megalibrary when all the provincial facilities are abandoned. We should emphasize this example," Baez said.

Last year, the government solicited bids for the construction of a new National Library in the center of Mexico City to be named for José Vasconcelos (1882-1959), a Mexican educator and writer who headed the National Autonomous University of Mexico. As minister of education under Alvaro Obregón, he also worked vigorously and with considerable success to establish schools.

The foundation has already been poured for this edifice conceived by Mexican architect Alberto Kalach and his team.

The 40,000-square-meter (429,992-square-foot) library is designed to hold more than 2 million books. The idea is for the huge facility to serve as the center for the nation's 6,500 public libraries.

The project is to be financed by the Public Education Secretariat and the National Lottery, as well as with funds collected by a trust associated with the library.



IPS
February 16, 2005
FERNANDO BAEZ:
Iraq Invasion the 'Biggest Cultural Disaster Since 1258'

by Humberto Marquez

One million books, 10 million documents, and 14,000 archaeological artifacts have been lost in the U.S.-led invasion and subsequent occupation of Iraq – the biggest cultural disaster since the descendants of Genghis Khan destroyed Baghdad in 1258, Venezuelan writer Fernando Baez told IPS.

"U.S. and Polish soldiers are still stealing treasures today and selling them across the borders with Jordan and Kuwait, where art merchants pay up to $57,000 for a Sumerian tablet," said Baez, who was interviewed during a brief visit to Caracas.

The expert on the destruction of libraries has helped document the devastation of cultural and religious objects in Iraq, where the ancient Mesopotamian kingdoms of Sumer, Akkad, and Babylon emerged, giving it a reputation as the birthplace of civilisation.

His inventory of the destruction and his denunciations that the coalition forces are violating the Hague Convention of 1954 on the protection of cultural heritage in times of war have earned him the enmity of Washington.

Baez said he was refused a visa to enter the United States to take part in conferences.

In addition, he has been barred from returning to Iraq "to carry out further investigations," he added. "But it's too late, because we already have documents, footage and photos that in time will serve as evidence of the atrocities committed," said Baez, the author of The Cultural Destruction of Iraq and A Universal History of the Destruction of Books, which were published in Spanish.

IPS: What do you accuse the United States of doing?

FB: In first place, of violating the Hague Convention, which states that cultural property must be protected in the event of armed conflict.

That is a criminally punishable offense, which is why Washington has not signed the convention, or the 1999 protocol attached to it. And perhaps it is one reason the administration of George W. Bush is seeking immunity for its soldiers.

But it is not only the United States; the rest of the coalition forces are also guilty.

IPS: But according to the reports, it was Iraqi civilians and not U.S. soldiers who looted libraries and museums.

FB: But the U.S. Army was criminally negligent, failing to protect libraries, museums, and archaeological sites despite clear warnings from UNESCO [the UN Educational, Scientific and Cultural Organization], the UN, the University of Chicago's Oriental Institute, and the former head of the U.S. president's Advisory Committee on Cultural Property, Martin Sullivan.

The Iraqis who went out to loot interpreted the negligence as a green light to act without restraint.

IPS: So the sin committed by the U.S. was one of omission?

FB: Not only that. There was also direct destruction and looting. In Nasiriya in May 2004, a year after the formal end of hostilities, during fighting with (Shi'ite cleric) Moqtada el-Sadr's militants, 40,000 religious manuscripts were destroyed in a fire [set by the coalition forces].

And when soldiers found out that the Sumerian city of Ur [in southern Iraq] was the birthplace of the prophet Abraham, they took ancient bricks as souvenirs.

IPS: You also accuse soldiers from other countries, besides U.S. troops.

FB: That's right. In late May 2004, Italian Carabinieri were caught trying to smuggle looted cultural artifacts over the border into Kuwait. And the British Museum reported that Polish forces destroyed part of Babylon's ancient ruins, to the south of Baghdad.

IPS: Can we suppose that these events are part of phases of the conflict that have already been left behind?

FB: No. More recently it was found that Polish troops drove heavy vehicles near the Nebuchadnezzar Palace, which dates back to the sixth century BC, and then covered large areas of the site with asphalt, doing irreparable damage. There were also attempts to gouge out bricks at the Gate of Ishtar.

To that is added the collapse of ancient walls due to the continuous passage of U.S. trucks and helicopters, and walls spraypainted with graffiti, like "I was here" or "I love Mary."

IPS: Can we expect the situation to improve with time?

FB: Another accusation that can be made against the United States is that it has created a less safe country overall, by generating the conditions for cultural destruction, which will be even worse in future years, due to the situation of legal insecurity.

In the days of the looting of Baghdad, U.S. Defense Secretary Donald Rumsfeld went so far as to say that looting "isn't something that someone allows or doesn't allow. It's something that happens."

Today Iraq is like a golf course for the world's terrorists, and its cultural treasures will not be safe in the future.

IPS: What impact has there been on the United States?

FB: One of its reactions was to rejoin UNESCO, which the U.S. had withdrawn from during the era of [Ronald] Reagan [1981-1989] on the pretext that the UN agency served as "a communist front."

Experts at the U.S. State and Defense Departments are trying to mitigate the damages. U.S. military police helped Iraqi police track down the Lady of Warka, dubbed the "Mona Lisa of Mesopotamia," a 5,200-year-old marble sculpture that is one of the earliest known representations of the human face in the history of art.

IPS: How significant are the losses?

FB: The Lady of Warka may be worth $100-$150 million. A Sumerian cuneiform tablet or an Assyrian stela can fetch $57,000 at the border.

Some Iraqis have been purchasing books at used-book markets in Baghdad to return them to the libraries.

But the damage is incalculable. In the Baghdad National Library, around one million books were burnt, including early editions of Arabian Nights, mathematical treatises by Omar Khayyam, and tracts by philosophers Avicena and Averroes.

IPS: Thousands of relics were also lost from the National Archaeological Museum.

FB: The initial reports spoke of 170,000 objects, but 25 major artifacts as well as 14,000 less important ones actually disappeared. An amnesty for the looters led to the recovery of around 3,500, according to the U.S. colonel who led the investigations, Matthew Bogdanos.

But besides the national museum and library, the al-Awqaf library, which held over 5,000 Islamic manuscripts, university libraries, and the library of Bayt al-Hikma also suffered. At least 10 million documents have been lost in Iraq altogether.

[Baez has said his research into the destruction of libraries and archives was first motivated by his painful childhood memories of a flash flood that wiped away the library in his hometown, San Felix in southeastern Venezuela. He cherished the municipal library because since his parents worked, he had often been left with relatives who worked there, and spent his days reading.

His research culminated in A Universal History of the Destruction of Books, which documents the catastrophic loss of books during wars, like the Library of Alexandria, which burnt down in 48 BC, or the burning of millions of books by the Nazis.]

IPS: Do you believe military forces have been the worst enemy of books?

FB: No, actually I don't. I believe intellectuals are the worst enemies. Intellectuals have burnt books in the name of the Bible or the Koran. Vladimir Nabokov [1899-1977] burnt El Quixote in front of his students. Destroyers like Adolph Hitler or Slobodan Milosevic were bibliophiles. Saddam Hussein himself, an archaeologist and philologist, published three novels. Joseph Goebbels, the genius of Nazi propaganda, was a philologist.

And many of those who have led the U.S. to war in Iraq are academics. It is a paradox: the inventors of the electronic book returned to Mesopotamia, where books, history, and civilisation were born, to destroy it.

(Inter Press Service)

Año 2 - No 30 - 1 de Noviembre de 2005
Hablando con...
Fernando Báez: “La palabra responsabilidad debe estar permanentemente en el diccionario del escritor”
ENcontrARTE





Nacido en San Félix, Estado Bolívar, es licenciado en Educación con un doctorado en Bibliotecología, vivió por más de 20 años en la ciudad de Mérida (Venezuela) y actualmente se encuentra residenciado en Barcelona, España en donde es integrante del Centro Internacional de Estudios Árabes.

Considerado como una autoridad mundial en el campo de historia de las bibliotecas, es asesor de varios gobiernos sobre el tema de destrucción de bienes culturales.

Asesor cultural de la UNESCO, en 2003 estuvo en Irak como miembro de una comisión que investigó la destrucción de las bibliotecas y de los museos de este país tras la invasión por parte de Estados Unidos.

En aquella ocasión elaboró un extenso informe sobre la destrucción de la Biblioteca Nacional de Irak en base al cual escribió el libro: “Historia universal de la destrucción de los libros. De las tablillas sumerias a la guerra de Irak”, editado por: Destino en España, en 2004 y Debate en México y Venezuela en 2004. La obra se ha convertido en un best seller mundial, reeditándose de forma continua y traducida hasta ahora a doce idiomas.

Obtuvo el “Premio Internacional de Ensayo Vintila Horia” en el 2003 con su obra “Historia de la Antigua Biblioteca de Alejandría”.

Además ha publicado, "Alejado” (1993), "El Tractatus Coislinianus" (2000), "La ortodoxia de los herejes"; (2002), "Los fragmentos de Aristóteles" (2002), "Todo el Sol de las sombras" (2002), "Poética de Aristóteles. Edición en griego, latín y castellano"; (2003), "Los últimos días de Martín Heidegger" (2003), "La destrucción cultural de Irak. Un testimonio de posguerra" (2004) con el prólogo del prestigioso intelectual norteamericano Noam Chomsky y editado en España por la reconocida editorial Octaedro y su primera novela “El traductor de Cambridge” (2005).

Sus artículos y textos han aparecido en los más importantes diarios a nivel mundial.
Ha sido conferencista en varias universidades europeas entre las cuales Oxford y Cambridge. Es invitado constantemente en muchas partes del mundo para dar charlas foros y conferencias sobre temas patrimoniales, bibliotecas y en especial sobre su experiencia en Irak. Sin embargo no puede asistir a las múltiples invitaciones que le fueron extendidas por universidades y organizaciones en los Estados Unidos ya que le fue negada la visa por parte del gobierno de este país.

Probablemente, en la actualidad sea el intelectual y escritor venezolano contemporáneo más reconocido a nivel internacional.


ENcontrARTE: Fernando, tu has incursionado como escritor en varios géneros literarios: el ensayo, la novela y la poesía. Cuéntanos un poco de tu faceta como creador y escritor independiente de tu trabajo como experto en patrimonio y en bibliotecas y de tu experiencia en Irak.

FB: Antes he tenido la buena fortuna de ser un autor secreto, siempre me ha gustado el anonimato, porque te permite hacer muchas travesuras, ser muy creativo y además responsable. Me he dedicado a la poesía para descubrir que no soy poeta. La poesía que he escrito está ligada a las condiciones que me tocaron vivir y dio origen a dos libros: “Alejado” en 1993 y “Todo el Sol de las sombras” en 2002. Fueron dos libros peculiares que no tenían que ver uno con el otro, para mi fue una experiencia memorable porque la poesía tiene la bondad entre todos los géneros literarios, de que te hace tocar la ontología real del lenguaje y me permitió sentir su esencia, el fuego de la palabra, entender precisamente el gran compromiso que, como escritor, tenía con el verbo. Para mi la poesía fue como una escuela de entrenamiento para la prosa.


ENcontrARTE: Eso se debe reflejar obviamente en tu obra actual. Hay críticos que se refieren al valor documental de tus libros y otros que elogian sobretodo su valor literario. ¿Consideras que el contenido es el elemento esencial de la literatura o la buena literatura es más bien un asunto formal?

FB: Mi primera obra de importancia fue un ensayo que ganó el Premio Internacional de Ensayos Vintila Horia“Historia de la antigua biblioteca de Alejandría” que, a pesar del largo título, es un libro corto que trata sobre el tema de lo que significó la biblioteca de Alejandría para la historia de la humanidad como símbolo del conocimiento.

Es un cuento minucioso y detallado sobre lo que pasó con esta biblioteca y que demuestra que los árabes musulmanes, no fueron los autores de la destrucción de la biblioteca* , ya que se inventó esta calumnia historica en el imaginario popular occidental, heredado de la visión bizantina según la cual los musulmanes son el propio diablo sobre todo desde 1453 cuando los turcos otomanes, de religión musulmana, invadieron Bizancio y conquistaron Constantinopla. Y este prejuicio ha quedado en occidente hasta el siglo XIX cuando el colonialismo británico enfrenta nuevamente la cultura árabe e islámica basándose en la tesis positivista “civilizatoria”. Hoy en día siguen estas ideas y prejuicios, y hay sectores que quieren crear un enfrentamiento artificial entre occidente y mundo islámico.

Cuando empecé a explorar el tema del ensayo, cuando escribí “La ortodoxia de los herejes” que justamente trata y demuestra como los grandes herejes de la historia como por ejemplo Giordano Bruno o Martín Lutero, no eran sino unos pensadores ortodoxos, mi relación con la literatura se fue transformando.

Yo venía de haberme imbuido de toda la mejor literatura latinoamericana en especial la sureña, Borges, Benedetti, Gelman, Cortázar, Neruda etc., de pronto me encuentro con George Orwell, con Noam Chomsky etc. y me di cuenta que lo que realmente me interesaba era la responsabilidad del intelectual con la sociedad. Una tesis que hoy en día se pretende decir que es un anacronismo, lo que sería como decir que la ética o la filosofía son un anacronismo. Eso no tiene ningún sentido, creo que la ética de un escritor debe pasar por el hecho de entender que la palabra responsabilidad debe estar en su diccionario permanentemente.

Entonces comienza en mí un proceso de transformación hasta llegar a escribir “Historia universal de la destrucción de los Libros; de las tablillas sumerias a la guerra de Irak” que es una obra que debía haber publicado Monteávila Editores pero me fue rechazado porque la élite intelectual de aquel entonces consideró que era un libro que no valía la pena.

De alguna forma esto me llevó una etapa muy oscura, muy autodestructiva, pensé que no valía nada, porque no me aceptaban en los círculos culturales de Caracas, así que en el 2001 le envié el libro a un agente editorial de Barcelona, España, el cual lo encontró extraordinario y quiso ser mi agente y lo llevó a varias editoriales. Diez editoriales españolas se pelearon para editarlo y finalmente salió y se empezaron a vender miles de ejemplares.

Allí empezó una etapa que yo no me esperaba porque la aparición del libro coincidió con el trabajo en Irak y los trabajos que estaba haciendo por el Centro de Estudios Árabes. Fue una sumatoria de cosas que me sacaron del anonimato, cosa que por supuesto no me perdonan las élites intelectuales de Caracas, que hoy en día esconden mis libros detrás de los anaqueles cuando entran en una librería.


ENcontrARTE: El atropello cultural que ocurrió en Irak no pareciera ser una casualidad, sino parte de un plan de trasculturización para imponer unos valores con los cuales se intenta imponer una nueva manera de pensar y de vivir. ¿Qué opinas al respecto?

FB: Así es. Tuve la oportunidad de captar esta realidad de forma vivencial en mi viaje a Irak, porque pude ver en vivo y directo como se manipulaban las noticias que salen de allí, la realidad no sale completamente o en mínima parte.

Entré en contacto con intelectuales iraquíes, he podido hablar con ellos y percátame de cómo se percibe allí el proyecto hegemónico de los Estados Unidos: es completamente rechazado.

En Irak siempre hubo mucha actividad cultural, pero desde la Guerra del Golfo empezó la erosión de la identidad cultural iraquí, comenzó a desmoronarse y a desarticularse la vida intelectual, por supuesto que fue un hecho programado. Ya en 1992 y en 1993 comenzaron los primeros saqueos de los asentamientos arqueológicos, que por cierto fueron denunciados por el Instituto Oriental de Chicago entre otras organizaciones.

Cuando llegó el momento de la invasión de 2003 ya el país se encontraba muy golpeado, y la cultura también. Los museos y las bibliotecas no tenían presupuesto, la invasión encontró la situación perfecta para terminar de destruir lo que quedaba y las tropas invasoras causaron serios daños a todo lo que está relacionado con la cultura: las escuelas, los liceos, los museos, las bibliotecas etc.

La ola de saqueos, de desórdenes y de acciones vandálicas fueron estimuladas por las propias tropas de los Estados Unidos, porque se invitaba a la gente a atacar los símbolos del antiguo régimen de Saddam Hussien entre los cuales se encontraban obviamente las edificaciones culturales con todo lo que tenían adentro, o sea invitaron a destruir la propia infraestructura cultural del país. Sin contar las acciones destructivas perpetradas por el propio ejército de los Estados Unidos, que fue quien causó la mayor cantidad de daños al patrimonio cultural tangible de esta nación. Ahora, después de todo eso, obviamente la cultura en Irak no es la misma que antes.

Entre los intelectuales se ha creado una matriz de miedo, porque se está viviendo un proceso de violencia que ya se está transformando en una guerra civil. La gente allí me comenta como ya no se va a los cafés, ni hay charlas, tertulias, en fin nada. Hay un clima de terror increíble, ya no se sabe a quien tenerle más miedo, si a los mercenarios, a los soldados invasores, o a los insurgentes, es el caos total. Han muerto más de mil intelectuales asesinados y se comenta que a manos de gentes que estarían ligados a la CIA, eran en su mayoría profesores universitarios que promovían la paz.


ENcontrARTE: Cuéntanos como fue que Chomsky llegó a escribir el prólogo de tu libro "La destrucción cultural de Iraq. Un testimonio de posguerra".

FB: Yo le tenía y le tengo mucha admiración a Chomsky y cuando regresé de Irak le envié toda la documentación que recopilé junto a una serie de fotografías. Le envié el material a su correo electrónico aún cuando pensaba que no le iba a hacer caso. Fue una osadía de mi parte, pero cual fue mi sorpresa cuando pasados unos días me encuentro en mi correo su contestación. Al principio creí que se trataba de un bromista que se hacía pasar por Noam Chomsky, pero era él en verdad y empezamos escribirnos, me pidió una serie de datos y yo le dije que con el material que le había mandado tenía la intención de escribir un libro, entonces él se ofreció de escribir el prólogo.

Su argumento fue que el desastre de la destrucción cultural de Irak era responsabilidad de los Estados Unidos y que quería que un norteamericano apareciera para decir que no todos los americanos son cómplices de semejante salvajismo. Me recordó el caso de George Orwell cuando escribió el libro “Homenaje a Cataluña” un libro bellísimo sobre la guerra civil española y su participación en aquel evento y entendí en este momento que de alguna forma una de las cosas más maravillosas que yo podía hacer era poder dar mi propio testimonio. Chomsky quiso asumir su propio compromiso junto conmigo.

El no cobró nada para esto. Cuando salió el libro en Barcelona tuvo un tremendo impacto tanto así que el cónsul de los Estados Unidos me declaró persona no grata. En su momento me puse un poco nervioso cuando leí la noticia en el periódico, pero después me di cuenta que el cónsul de los Estados Unidos se había convertido en mi “nuevo agente publicitario”. Entonces empezó todo una campaña de la misión diplomática norteamericana en España en mi contra, tratando de desacreditarme pero también hizo que se hablara cada vez más de mí en España.


ENcontrARTE: ¿Por qué es tan importante para un pueblo rescatar, conservar y valorar su patrimonio cultural?

FB: Sobre la memoria histórica y cultural reposa la identidad de un pueblo. No puede haber identidad sin memoria.

Por eso es tan importante estudiar como operan los mecanismos de trasculturización, hay que conocerlos a fondo para poder enfrentarlos. Sobre este tema se tratan mis estudios actualmente. Como se lleva a cabo el proceso de trasculturización a través de borrar la memoria histórica de un pueblo para así poderlo manipular es mi mayor interés en estos momentos.

La trasculturización, impone una serie de valores ajenos a una determinada cultura y trata de borrar la memoria histórica de un pueblo que se quiere dominar, destruyendo su patrimonio. Se destruyen los símbolos culturales: los museos, las bibliotecas las universidades etc., porque los símbolos representan la cultura misma, entonces de esta manera el ataque a la representación simbólica apunta a eliminar la propia cultura. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en Irak y que ha ocurrido en la historia a lo largo de los siglos.


ENcontrARTE:¿Qué diferencia existe entre la transculturización y la interacción entre diferentes culturas que entran en contacto entre si?

FB: El intercambio cultural se basa en la tesis de que la cultura une a los pueblos. En eso se fundamenta, por ejemplo, la creación de la UNESCO propuesta por cierto por un venezolano Carraciolo Parra Pérez. Se trata de una tesis humanística que predominó en Europa a principio del siglo XX, pero las guerras la hicieron pedazos para dar paso a la idea de que las culturas están enfrentadas y sobre esta infame teoría precisamente se basan los neoconservadores de la Casa Blanca según los cuales la cultura nos enfrenta, produce alejamiento y la distancia.

A esto hay que prestarle atención porque es el piso teórico que sostiene la humanidad actual, es el espacio en el cual nos estamos desenvolviendo y, aún cuando hubo algunos pensadores como por ejemplo Eduard Said, que trataron de enfrentarse a esta idea, no hubo hasta ahora la contundencia para hacerle frente. Al producirse durante el siglo XX la banalización y la masificación del mal con los campos de exterminio etc etc. se impuso como piso ideológico la tesis biologicista de que el hombre es malo por naturaleza, de que tiene instintos destructivos, agresivos y que las culturas ofrecen los escenarios apropiados para que estas conductas se legitimen y para definir campos de guerra y de enfrentamiento.

Hay que entender bien esto, porque sino no podemos entender el mundo que estamos viviendo actualmente, sobre este escenario se puede mover el capitalismo, el socialismo y cualquier otro sistema, pero a nivel de historia esta es la tesis de qué está en juego actualmente.

Mi opinión, por lo contrario, es que tenemos que volver a la visión humanista de la cultura, la que nos une, la que nos integra, las que nos hace diferentes pero con visión de conjunto. Tenemos que propiciar una vuelta a este concepto: que la cultura sí une a los pueblos. Hasta ahora lo que se ha demostrado es que los intolerantes son quienes fomentan la tesis que la cultura nos enfrenta, porque los fanáticos se apropian de los símbolos culturales y con ellos agreden a otras culturas. Pero cuando se tiene una visión más amplia de que es la cultura, uno se da cuenta que las diferentes culturas están siempre y constante contacto e interactuando.

Los que están enfrentado en el mundo son un grupos relativamente reducidos, la mayoría de la humanidad quiere vivir en paz y la cultura es lo que ha hecho que no nos matemos entre todos.

Definitivamente hay que recuperar el concepto de “multiculturalidad” en un mundo interconectado.


ENcontrARTE: ¿Cómo ves lo que está pasando en Venezuela?
FB: Mi orientación hacia la izquierda vino desde un punto de quiebre, cuando después de haber leído a una serie de autores como por ejemplo a Carlos Rangel, buscando respuestas sobre la realidad latinoamericana no me explicaron nada. El libro de Rangel “Del buen salvaje al buen revolucionario” más bien me pareció una monografía de algún tesista norteamericano escrito en base a algún archivo, sin ninguna documentación de primera mano sobre Latinoamérica. Así empecé a leer cosas de otro tipo, de otros escritores y a mirar hacia otros lados, a Martha Harnecker por ejemplo y poco a poco fueron surgiendo en mí valores sociales y socialistas.


Y fue esta visión la que me permitió pasar la etapa de las reservas que tuve con el chavismo al principio. En 1992 no entendí quien era Chávez, no supe ver esto que está pasando hoy en día en Venezuela, como intelectual creí que aquello no iba a ir a ninguna parte porque la Venezuela de la IV República nos había convertido en unos pesimistas, yo creí que se trataba simplemente de un movimiento militar más de los tantos que hubo en América Latina. Pero poco a poco me di cuenta que la cosa no era así. Me di cuenta que el discurso de Chávez va acompañado por los hechos, lo cual era y sigue siendo insólito. Aquí la izquierda venezolana perdió la oportunidad de llevar a cabo un proceso regenerador de la sociedad, ha sido increíble que tuvo que surgir del campo militar un hombre para poder unificar a la izquierda y lograr esta revolución.

Eso ha sido para mí insólito, y surgió en mí lo que hoy en día se puede catalogar como admiración hacia lo que representa y está haciendo el Presidente Hugo Chávez. Creo que como intelectual tengo que apoyarlo sobre todo en estos momentos difíciles, porque de este proceso depende no solamente el futuro de Venezuela sino de América Latina y posiblemente de la humanidad.

No me importa si me catalogan de “colaboracionista” para mi se está evidenciando que la Revolución Bolivariana es uno de los procesos históricos más importantes de América Latina y del mundo.

Ahora cuando estoy viendo los cambios que se están dando en Venezuela, en América Latina y en el mundo árabe ya no soy tan pesimista como antes, creo que se está generando una gran fuerza de resistencia, un especie de renacimiento, una esperaza y en mí surgió una especie de optimismo moderado con relación al futuro de América Latina. El año próximo se va a dar una gran batalla, durante el 2006 todos los esfuerzos del Imperio van a dirigirse contra la Revolución Bolivariana y Hugo Chávez. Va a haber una arremetida mediática mundial a gran escala y creo que todos los intelectuales comprometidos del mundo deben venir aquí para hacer frente a esto y también para asistir a la primera derrota a gran escala del poder mediático del Imperio.


*“La destrucción de la biblioteca más importante del mundo antiguo ha sido atribuida a diferentes facciones y gobernantes, no con el propósito de escribir crónicas de ese desastre, sino como calumnias políticas. Sin embargo hoy podemos armar la historia de su destrucción y, aunque a los occidentales nos pese, la versión más verosímil involucra a personajes y sectores que por nuestra tradición respetamos."

El primer incendio se produjo en el año 48 a.C., durante el conflicto en que Julio César se involucró para apoyar a Cleopatra VII en su lucha contra Tolomeo XIII, su hermano. Son muchos los textos donde se relata la pérdida de los 40.000 volúmenes alojados en depósitos de granos cerca del puerto cuando Julio César incendió la flota del hermano de Cleopatra. Esto es lo que dice Livio en uno de sus libros perdidos que Séneca cita. Se sabe que Marco Antonio compensó a Cleopatra regalándole los 200.000 manuscritos de Pérgamo. El propio Museo se destruyó junto con el Palacio Real en el tercer siglo de nuestra era, durante las disputas por el poder que agitaron al Imperi
     
   
TRADUCCIONES
Textos de Fernando Baez han sido traducidos a 12 idiomas.
Una muestra en portugues:

Menos humanos

Parte da história e da literatura antiga perdeu-se para sempre. O estúdioso Fernando Báez relata a destruição cultural na Biblioteca Nacional do Iraque

*Por Fernando Báez
Por onde começar? Por acaso o primeiro sinal, ou o último, de que algo ia mudar minha vida foi o telefône, que soou repetidas vezes em finais de abril. Alguém insistia por desespero ou capricho, e pensei que se tratava, sem dúvida, de engano. Sabe-se que números errados nunca estão ocupados, o que fazia do meu um número perfeito.

Quando respondi, pressionado pelo incômodo do timbre, nada do que eu imaginava, claro, se confirmou. Era Giovanny Márquez, um velho amigo meu, advogado especialista em bens culturais, e sua voz parecia longe, distorcida, descortês. Ele tinha voltado da Esapnha com a notícia da destruição de um milhão de livros na Biblioteca Nacional de Bagdá (Dar al-Kutub wa al-Watha’iq).

Desesperado e deprimido, ele me explicou que uma comissão internacional iria ao Iraque para confirmar esta má notícia, com apoio da Unesco, do Centro de Estudos Árabes e outras organizações. Duas universidades latino-americanas, além disso, me haviam indicado como especialista no tema.

Márquez insistiu que eu devia ir porque, de fato, havia passado minha vida inteira dedicado a estudar o problema da biblioclastia, nome grego que se dá à destruição de livros, e era uma oportunidade única de comprovar o que aprendi. E foi assim que tudo, subitamente, assumiu um sentido que me era alheio.

Em princípios de maio de 2003, eu saía rumo a París e depois a Jordânia. De Amman, fui até um posto de Karama e, depois de percorrer 600 quilômetros da "estrada do medo", até Bagdá.

Foi uma péssima viagem e, como era de se esperar, adoeci devido ao calor (a estas alturas as temperaturas chegavam aos 50 graus centrígrados. Uma vez instalado no hotel, passei uma noite sem ventiladores nem água, mas me recompus; bem cedo eu soube que tinha pouco tempo e devia aproveitar cada minuto, o que me obrigou a recordar o conselho de meu antigo chefe, da época em que eu vendia enciclopédias e bíblias para poder estudar : o modo mais rápido de encontrar algo é buscar outra coisa.

Supunha-se que eu devia procurar a CPA (Coalition Provisional Authority) para perguntar aos norte-americanos sobre o ocorrido, mas desprezei esta opção, em claro desafio, e preferi dar uma espiada por minha conta, e meu próprio risco. Meu plano, na verdade, era o mais simples que se possa imaginar: ir, tomar notas, escutar aos empregados iraquianos partidários ou inimigos de Saddam Hussein. O que averiguei e vi, vale a pena advertir, me produziu uma insônia que ainda persiste. Teria sido melhor, talvez, esquecer, mas é esquecer para tudo de novo surpreenda. As ciladas da razão são as mais arteiras.

O que aconteceu na Biblioteca Nacional de Bagda? Qualquer explicação que eu ofereça tem seu ponto de partida na visita que fiz à biblioteca, um edifício de três andares uniformes de 10.240 m2, com arabescos de madeira pelo meio, construído em 1977 e localizado em Rashid, parelelo ao antigo e deteriorado Ministério da Defesa (destruído durante os bombardeios de 1991). Quando cheguei, ainda estava de pé uma estátua de Saddam com a mão esquerda em gesto de saudação e a direita segurando junto ao peito um livro (ainda que não se acredite, Hussein, autor de vários livros, particularmente romances, era um leitor voraz e consequente. Sei que essa estátua foi derrubada, como todas as outras. Nas escadas da frente estava um grupo de soldados norte-americanos, alguns deles latinos. Fumavam suas bitucas com descaso e se divertiam com piadas rápidas. Não se viraram nem para me olhar. A fachada, no centro, sofreu danos pelo fogo, que chegou a queimar as paredes, deixando manchas negras enormes. Estourou as janelas com tanta força que imprimiu no lugar um ar melancólico.

Quase às onze da manhã de 10 de maio, entrei com meu grupo de trabalho. Éramos uns cinco ou seis, guiados por um coordenador. A porta tinha um cadeado gigante, que foi aberto com grande receio. A entrada, protegida do sol por uma saliência em cuja borda há algumas letras em árabe exaltando a fé e o nome da biblioteca, deixava ver no interior dezenas de trabalhadores e especialistas que trabalhavam no lugar.

E então sobreveio o que acreditei ser um pesadelo: encontrei uma atmosfera de guerra no mais crasso estilo. A luz, filtrada com reservas e ambiguidade pelas janelas, deixava à vista móveis destroçados por todas as partes e milhares de papeis no chão. A sala de leitura, o arquivo de madeira com o catálogo de todos os livros e as próprias estantes tinham sido literalmente arrasados, sem piedade. Mas enquanto eu continuava caminhando, as cenas aumentavam seu poder de comoção. A estrutura se mostrava tão severamente afetada que eu a julguei precária: dificilmente

suportaria o impacto de um mínimo tremor. Ainda havia cinzas por todo o chão. Os arquivos de metal estavam queimados, abertos e esvaziados em grande parte.

O saque da Biblioteca, segundo me disseram, foi precedido por alguns fatos desconcertantes. Primeiro foi o ataque a Bagdá, com bombas Moab e mísseis que destruíram mais de 200 edifícios públicos, dezenas de mercados e negócios. A operação foi chamada "Impacto e pavor", e foi mantida durante os últimos dias de março. Em 3 de abril se iniciaram os combates no aeroporto Saddan Hussein, a dez quilômetros do centro. No dia 7 há havia tanques nas ruas. Até 8 de abril, as tropas norte-americanas já tinham controle de certas zonas de Bagdá, uma cidade bem grande se considerado que ocupa quase 28 quilômetros e conta com mais de 750 bairros.

Os ataques somados à informação de que o regime de Sassam Husseins havia caído e o presidente havia fugido com seus filhos para um esconderijo, provocaram uma confusão geral. Não havia polítia e os soldados norte-americanos tinha ordens expressas de não disparar contra civís nem atender pedidos sem relação com os objetivos militares. Na quarta, 9 de abril, a grande estátua de Hussein caiu na praça central. Um soldado chegou inclusive a colocar uma bandeira dos Estados Unidos na frente. Logo depois corrigiu seu gesto e a substituiu por uma bandeira iraquiana. Assim que estas imagens circularam e o rumo se confirmou, uma maré humana, reprimida por dez anos de bloqueio econômico e uma ditadura implacável, lançou-se às ruas sem controle.

O saque inicial foi contra os palávios e as casas dos chefes iraquianos. Dos hospitais foram levadas até as camas. Nas lojas, os comerciantes, armados com pistolas, fusís e barras de ferro, montavam guarda e afugentavam os ladrões, muitos deles jovens, crianças e mulheres. Não foram poucos os lugares, considerados símbolos do regime, que sucumbiram entre 9 e 10 à violência dos saques.

Foi no dia 10 que, vinda dos subúrbios, uma multidão se reunião na Biblioteca, que não estava protegida por nenhuma unidade militar. No começo predominaram a cautela e a pressa, depois o descaramento e uma anarquia impôs as regras do saque. Crianças, mulheres, jovens e velhos pegaram tudo que puderam, de um modo seletivo, como se tivessem ido às compras. O primeiro grupo de saqueadores, que contava com apoio externo, sabia onde estavam os manuscritos mais importantes e correu a pegá-los. Outros saqueadores, famintos e ressentidos com o regime deposto, chegaram depois, em busca de objetos valiosos, e provocaram o desastre subsequente.

A multidão corria por todos os lados com os livros mais valiosos. Também carregavam consigo as fotocopiadoras, as resmas de papel, os equipamentos de informática, as impressoras, os móveis e máquinas doadas pela Unesco. Nas paredes, deixaram escritas mensagens como "Morte a Saddam", "Morra Saddam", "Saddam apóstata". Inexplicavelmente, um câmeraman filmou sem pressa estes atos e depois desapareceu sem deixar rastros. É possível que qualquer dia possa*mos ver esta triste fita, que vai revelar um mistério tão curioso quanto o da queima da Biblioteca de Alexandria: como os saqueadores sabiam que as tropas norte-americanas não disparariam contra eles e por que alguns deles tinham listas com encomendas?

Os saques se repetiram uma semana mais tarde e, no dia 13, sem exagero, um grupo chegou em ônibus de cor azul, sem marcas oficiais e, alentado pela passividade dos militares que circulavam por ruas próximas, jogou algum combustível nas prateleiras e tocou fogo. É obvio que fizeram também piras de livros para incendiá-los; Segundo outra versão, eles usaram fósforos brancos, de procedência militar, para o incêndio, e há evidências que o confirmam. Passadas algumas horas,

uma coluna de fumaça podia ser vista a mais de quatro quilômetros e, nesse incêndio voraz, desapareceram as obras. Entre outros danos, arderam as velhas máquinas e alguns jornais. No terceiro andar, onde estavam os arquivos microfilmados, não sobrou nada. O calor, pelo que pude constatar, foi tão intenso que destruiu o piso de mármore e causou severos estragos nas escadas de concreto e no teto. Tudo se converteu em escuridão e, obviamente, em ruína. No mesmo ataque foi destruído o Arquivo Nacional do Iraque, na segunda parte da Biblioteca que contava, certamente, com uma equipe de trabalho de 85 pessoas.

Milhões de documentos desapareceram ( alguns falam de 12 milhões, outros de dois ou três), inclusive alguns do período otomano, como os registros e decretos.

Concluída a desastrosa pilhagem, não havia literalmente nada a fazer. O secretário de Defesa dos Estados Unidos, Donald Rumsfeld, à guisa de desculpa diante dos fatos, comentou que "o povo livre é livre para cometer vandalismos e não se pode impedi-lo".

O diretor anterior da Biblioteca lamentou melancólico: "Não me lembro de barbaridade semelhante desde os tempos dos mongóis". Ele aludia a 1258, quando as tropas de Hulagu, descendente de GengisKan, invadiram Bagda e destruíram seus livros, jogando-os no Rio Tigre.

É tal o estado de destruição no prédio da Biblioteca que os coordenadores culturais da CPA decidiram demolí-lo e utilizar outra sede, um palácio ou alguma instalação como o Clube Militar do Iraque. Disseram que levariam os livros à Universidade Bakr. Os arquivos, por sua vez, poderiam ficar em um lugar diferente, e o que foi salvo é mantido em sacos, sem que nenhuma medida oficial de preservação tenha sido tomada.

Uma grande dúvida se refere à situação lamentável que atravessam os empregados. Antes, havia 119 pessoas, dirigidas por Khamel Djoad Hachour. Seus salários, pagos com mesquinharia, não garantiram sua estabilidade no emprego. Quando às perdas, devo assegurar que mais de um milhão de livros foram queimados, o que deve ser somado à grande quantidade de textos perdidos. A Biblioteca, além de cuidar do depósito legal, constava de três partes: impressos, jornais e arquivos. O depósito legal consistia na entrega de cinco exemplares (de cada livro), embora a situação econômica tenha reduzido consideravelmente esta prática. Milhares de doações enrioqueceram o contro durante anos. A entrada do Arquivo Nacional, hoje fechada com cadeados, mostra os sinais de uma queima terrível (parece a porta de uma elevador em ruínas) e os destroços de tudo que existia em seu interior.

No batente, alguém colocou um letreiro com um aviso: "Silêncio". Papéis e país jazem sobre o piso, em cinzas. é difícil dizer, a estas alturas, que livros foram destruídos e quais não. Nas ruas, nas lojas de livros, pode-se conseguir volumes da Biblioteca Nacional a preços irrisórios. Nas sextas-feiras, na feira da rua Al-Mutanabbi, estas obras são postas à venda. Pessoalmente, pude ver um volume de uma enciclopédia árabe com o selo oficial estampado em sua lombada. Houve uma tentativa de apagá-lo, sem êxito. Também encontrei um volume intitulado Miskhaf Resh (Livro negro), sobre a cultura dos ywsidíes, um grupo religioso que habita o norte do Iraque. Trata-se de uma etnia estranha,conhecida como "adoradores do diabo", por causa de sua fé em Melek Taus, o "Pavão Real".

Os yesidíes explicam que Deus já perdoou o diabo e que este vive ao seu lado. Por motivos simbólicos, detestam a cor azul, constróem templos nos lugares de peregrinação e não vão à Meca, mas à tumba do Sheiki Adi, perto de Mosul.

Entre outros textos, desapareceram edições antigas de As Mil e uma noites, dos tratados matemáticos de Omar Khayyam, os tratados filosóficos de Avicena (em particular seu Canon), Averroes, Al Kindi e Al Farabi, das cartas de Sharif Hussein de La Meca, textos literários de escritores universais como Tolstoi, Borges, Sábato, manuais de história sobre a civilização suméria... É surpreendente, e o afirmo como a maior crueldade, que a primeira destruição de livros do século XXI tenha ocorrido na nação onde o livro foi inventado, em 3200 a.C.

Felizmente, salvaram-se numerosos livros transportados para lugares secretos ou escondidos em zonas mais distantes da Biblioteca. A história deste esforço de salvar os volumes confirma o imenso amor que os iraquianos sentem por sua cultura. Hoje perduram, por exemplo, 500 mil volumes armazenados no primeiro e segundo andares, em pilhas sem classificação. Não contam com proteção, porque os soltados já não protegem o prédio. Esta tarefa foi passada a alguns empregados shiitas; Além destes livros, Al-Sajid Abdul-Muncim al Mussawi, líder religioso, ordenou a seus fiéis resgatar da Biblioteca quase 300 mil livros que foram transportados em caminhões até a mesquita de Haq, onde foram amontoados em pilhas intermináveis que chegam ao teto, em alguns casos.

Eu não hesitaria em advertir que as condições são péssimas e é provável que diversos insetos comecem a atacar os textos, mesmo que Mahmud al-Sheikh Hajim, seu protetor, pense que teria sido pior sua destruição. O curioso é que o grupo que salvou estes livros alegue pertercer ao um Colégio de clérigos shiitas, melhor conhecido como Al-Hawza al-Ilmija. Para estes religiosos, os livros são sagrados.

Mesmo assim, há cerca de 100 mil libros mais em uma instalação que pertenceu ao Departamento de Turismo. E vários intelectuais me mostraram livros ocultos em suas casas, até que a ordem se restabeleça ou que partam os "estrangeiros". Um pintor que não quis identificar-se comprou, nas feiras de livros, decenas de textos só para poder protegê-los. A maior parte está depositada onde antes se conhecia como Cidade Saddam, um bairro pobre que abriga mais de dois milhões de seres humanos amontoados em labirintos pouco vistosos.

Além desta Biblioteca, houve outras perdas em Bagdá. No Museu Arqueológico, foram saqueadas táboas com as primeiras mostras de escrituras. Arderam mais de 700 manustritos antigos e 1.500 se disperasaram na Biblioteca Awqaf, no Ministerio de Assuntos

Religiosos, cujo prédio ficou em ruínas. Na Casa da Sabedoria (Bayt al-Hikma), centenas de volumes foram exterminados pelo fogo.

Na Academia de Ciências do Iraque (al-Majma’ al-‘Ilmi al-Iraki), 60%

dos textos foram extintos. A universidade foi vítima de bombardeios, incêndios e roubos. La Madrasa Mustansiriyya foi saqueada, mesmo que a porcentagem de perdas não supere 4%. Isto, só em Bagda.

¿Quem provocou esta destruição? A maior parte da culpa foi atribuída ao governo atual dos Estados Undiso, que subestimou todas as advertências feitas e violou a Convenção deHaya de 1954, ao não proteger os centros culturais e ao estimular os saques, o que implica em sanções penais que não prescreverão. Talvez por isso, o presidente George W. Bush tenha solicitado imunidade para oficiais e soldados frente a qualquer possível julgamento nos tribunais penais internacionais. Talvez por isso decidiu reingressar na Unesco, e enviou sua esposa para negociar cargos executivos dentro desta organização, para despedir assessores mais incômodos, apagar seus expedientes e silenciar toda crítica.

Do mesmo modo, me atrevo a responsabilizar os membros do regime de Saddam Hussein por usar os centros culturais como bases militares e colocar bibliotecas ao serviço de uma ideologia. Com anuência dos dirigentes do partido Baa'th, permitiu que se instalassem depósitos de munições e franco atiradores em pontos estratégicos, o que pois em risco o patrimônio cultural.

Devo assinalar que minha estadia em Bagda foi concluída em 22 de maio. Parti rumo a Oxford e depois a Viena. Depois disso voltei, redigi novos informes , divulgeui minhas reflexões e, desde então, tenho sido alvo de ameaças por minhas declarações e artigos, recebido insultos e desclassificações absurdas e todo meu trabalho tem provocado incômodos para a CPA. Meu ceticismo atual tem sua origem em um fato certeiro: a desordem e a violência crescente em Bagadá não tornam propícia a reconstrução, porque tendem a por em risco os volumes que foram salvos. Nenhuma biblioteca, e é preciso levar isto em con ta, estará a salvo enquanto Iraque for um campo de batalha. Observei com profundo mal estar que a propaganda norte-americana, entre outras coisas, não permite divulgar o que realmente acontece diariamente. Sabe-se que dois ou três soldados norte-americanos morrem a cada dia, mas não se divulgam as altas cifras de feridos e mutilados, não se diz que 40 soltados se suicidaram pelo horror do que vêem, não se informa que há mais de 30 ataques permanentes e os que colaboram com os ocupantes sao linchados por seus vizinhos. Em setembro, Piero Cordone foi atacado e seu chofer morreu. O novo coordenador de bibliotecas sofreu um atentado e acabou cego porque um jovem jogou ácido em seu rosto. Há dezenas de bibliotecários detidos e os que trabalham temem contar a verdade completa. Sobre isto, não se diz nada. Por que? O que se tenta esconder?

Por acaso, a única resposta a estas perguntas, e eu a assinalo para terminar, deva ser encabeçada por uma epígrafe: «A primeira vítima da guerra é a verdade ». A frase, convêm lembrar, não foi dita por um filósofo ou um jornalista. Foi dita por um congressista norte-americano, Hiram Warren Johnson, em 1917. E o pior é que os acontecimentos de de Hiroshima, Nagasaki, Vietnam, Etiopía, Líbano, Afganistán e Irak não param de lhe dar razão.

     
   
TRADUCCION AL INGLES
A testimony of postwar

Lost Treasures-Burnt

Books in Baghdad

by Fernando Baez (*)



(Translated by Maria E. Gonzalez,

University of Texas at Austin)





...every burned book enlightens the world...

R.W. EMERSON, 1841





"Destiny is written, but a divine hand obliterated crucial pages." This phrase, read in some hidden highland corner of Peru, has haunted me forever but only now, just now, demands from me fuller and more precise comprehension. Let's say--since I must start somewhere--that a week ago my office routine disappeared and an executive decision relocated me to Baghdad as part of an international commission authorized to investigate the destruction of libraries and archives in Iraq. I have spent the last ten years compiling information about cultural destruction, finished what could be the most complete book on the topic, but yet, only this trip has brought me back to the essence of my search.

I arrived in Baghdad, magic city of the Thousand and One Nights, the capital of Al-Jumhuriyah al-Iraqiyah, Arabic name of the Republic of Iraq, on Monday, May 5, at 4:37 in the afternoon. Given that I was the only Latin American in the group, other than an Argentine Canadian named Manuel Olivieri, I felt much more preoccupied than usual. Unplanned events exact most from one's briefest hours and my stay was preceded by a sea of doubts about what was to come, beside the habitual superstitions, the silent unexamined grudges, and exhausting prejudices. Was I safe to go to Iraq or had I made a fatal decision? Was it certain that more than 200,000 artifacts had disappeared from the Archeological Museum? Had a million volumes burned in the National Library? Did the press exaggerate? If twelve journalists died, how many thousand others were victimized by this conflict?

I pondered on this almost asleep from exhaustion when I recognized in the distance the mythic river, snaking like a wound through the city, the auspicious Tigris, its color indeterminable, and a cluster of dissimilar buildings modeled on the architecture of delays and doubt, austerity, the labyrinthine and penumbral. I was, definitively, in Baghdad, within that distance conquered by its name, and I decided to open my eyes. From the rear window of the rustic vehicle in which we rode through the streets, I observed that the ravage of the war had not impeded the continuance in the markets of trade in tea and yogurt, crafts, cloths, honey sweets, leather goods, carpets and copper objects. Residents of Baghdad go about the streets with that air of authority born of disorientation, or hate. During the trip, as we passed through Abu-Nuwas, someone commented to me that in that zone the rate of unemployment was a time bomb. Iraq has over 24 million inhabitants, 80% of whom are Arabic, 20% Kurdish, divided by religion into 60% Shiite, 37% Sunnites and 3% Christian; all of which has to be explained with the premise that there are more than 5 million unemployed who day after day walking over the soil that covers the second largest petroleum reserves in the world.

Back in my hotel room, asphyxiated by heat and the fear of a possible terrorist attack, without washing due to the rationing of water, I dedicated myself to finding a computer so that I could send some messages to family and friends. My cell phone did not function and the availability of public phones was limited. Having no luck, I initiated conversation with several foreign press correspondents. All had the same information, as none dared move about the streets without military escort. The topic under discussion was rather alien to me and all that I recall is that I remember it. They spoke of the Asian pneumonic epidemic and its consequences.

On May 10, I was summoned to my first work conference. Seventy years ago to the day Nazis in Germany had burned thousands of books, turning the year 1933 to a date fatal to culture. I don't know if it is a personal superstition, but the number 3 appears in the worst moments of books. Around the year 213 B.C., Emperor Shih-Huang Ti, initiator of the Great Wall, unifier of China, defender of legalistic school writings, ordered the destruction of everything that could serve to reconstruct memories of the past, and the stimulation of an eternal present. Around the years 643-644, it is believed that Arabs destroyed the Museum of Alexandria, location of the celebrated library. In 1453, Turks took over Constantinople and destroyed its renowned manuscripts. In 1813, American soldiers invaded York, burning the British North American (Canadian) Parliament and the legislative library, all of which was compensated by the destruction by fire of the Library of Congress of the United States. During the night of March 9, 1943, an aerial attack over the Bavarian State Library destroyed 500,000 books. In 1993 dozens of libraries, among them that of Stolac, were destroyed in part by Croatian nationalist militias. And now, 2003.

My assignment consisted of visiting and taking notes about the conditions at the Archaeological Museum and the ancient National Library of Baghdad. It was two different set of events, one in the afternoon and the other in the morning. I had been briefed, but what I learned and what I saw left me sleepless for two nights. Perhaps it would have been better to forget, but I have discovered that we forget only to have everything take us by surprise anew.

It seems that horror, when we encounter it, moves about without its custodians. Thus I felt at the National Library of Baghdad, al-Maktaba al-Wataniya, located as is the Ministry of Defense in Rasaf. The library had a sinister aspect because its central façade had suffered visibly due to the fire that also had weakened the structure and burst its windows, giving a melancholy air to the entire site. Before the destruction, there had been a statue of Hussein with his left hand in a gesture of greeting and the right holding a book against his breast (although not widely believed, Hussein authored various books and was a voracious reader). Outside, there were now soldiers, some of them Latinos. Close to ten in the morning, with my work group I entered the library where, as would be the norm throughout, destruction was evident everywhere.

As we passed the entry, protected from the sun by an awning emblazoned at the border with Arabic letters, hundreds of laborers and experts worked at what was possible to reconstruct of the place. As I walked through the halls, I found that the lecture halls and the bookshelves had been leveled without reverence. Almost immediately I concluded that it would be impossible to determine whether the manuscripts were hidden, stolen or destroyed. The stairs were burned. It is undeniable that not a few texts passed into the Hussein Collection during the 1980's, but others did not. It is presently thought that 800,000 volumes along with thousands of periodicals have disappeared, including the first journals printed in Persian anywhere in the world.

I was told that the looting of the National Library began on April 14, when rumor spread that the dictator had fled, and a group with the use of tools and doing what they could, proceeded to select items at will, almost as though they were shopping. The first group of looters knew the location of the most important manuscripts, which they hurriedly took, and without discussion and encouraged by the passivity of the military, sprayed gasoline throughout the stacks and set fire to everything. Some said that white matches, originally issued to the military, were used to set the fires. According to another version, after the calculated theft a multitude of anonymous looters, made hungry and resentful by the deposed regime, arrived in search of valuable objects, and provoked the disaster described above. The multitude ran every which way claiming the most valuable books.

Several hours later, a column of smoke could be seen more than four kilometers away and in this voracious fire, of more than the Fahrenheit 451 postulated by Ray Bradbury in his novel, disappeared thousands of works. Among other damage, old microfilm equipment, several newspapers were torched, and the heat, from what I could deduce had been so intense as to have damaged the marble floor, caused severe deterioration of the concrete stairs and of the roof. Similarly the same act of vandalism destroyed the National Archives of Iraq, housed in the same structure as the library, which at the time employed a staff of 85 individuals. Millions of documents disappeared, including some dating to the Ottoman period.

The following day, there was literally nothing for the staff to do. The Director lamented nostalgically, "I do not remember a similar barbarity recorded since the time of the Mongols", alluding to the 1258 invasion of Baghdad by the troops of Hulegu, descendants of Genghis Khan, who destroyed most of its libraries by tossing books into the Tigris River. Another staff member pronounced, "Caesar again destroys with the books"; having learned of this, I was reminded of the passage in the Caesar and Cleopatra of George Bernard Shaw, where Theodotus, the modest messenger arrives to tell the powerful general about the fire (which was to be the first) engulfing the library in Alexandria, "What is burning there is the memory of mankind.” Unmoved, Julius Caesar responds, "A shameful memory. Let it burn...."

Later I went to the Archaeological Museum that is endowed, according to the most exaggerated figure, with 170,000 artifacts or 25,000 according to the most modest. Near the train station, the Archaeological Museum is a majestic building, its front elongated at each end by two sand-colored towers, now guarded by a tank upon whose cannon is written, "Greetings from the American people." All is paradox. Notice of the Museum’s looting moved the entire world when it became known on April 12. The scandal was of such magnitude that now it is obligatory to present identification upon entry and to endure searches upon exiting.

Presently at work in the Museum is Colonel Matthew Bogdanos, a responsible and zealous official charged with the investigation of events and the recuperation of looted objects, supported by efforts of the FBI, the CIA, various Islamic Studies organizations, archeological experts, and a group of soldiers. Bogdanos is an attorney, grounded in Classical studies and with a career that includes a role in the unsuccessful prosecution in Manhattan of rap musician Sean “P. Diddy” Combs. His team oversees several tables where a mounting number of recovered objects are placed and cataloged. The number of recovered objects increases because an amnesty was declared absolving any one wanting to return looted objects in their possession.

It is not rare to see a youth approach the doors to the museum, place a sculpture on the floor and leave undisturbed. The exhibit halls were not set ablaze the day the museum was looted, but they were devastated. There are hundred of objects in pieces in Hall 3, Corridor 4, where in the past there was examples of precious objects unearthed by Iraqi and foreign expeditions in such sites as Eridu, Kish, Uruk, Ur, Nippur, Shurupak, Eshnunna, Khafaji and also from other Sumerian cities. Probably Hussein's soldiers used the building as a strategic defense given irrefutable evidence of such use has been discovered on the second floor. A crossword puzzle to last six or seven decades. Without doubt what must have been much improved is the overall appearance of the museum due to the thorough cleaning that has accompanied the repair of doors and windows.

It is important to note that the destroyed books were not only those that had been in the National Library. Sumerian clay tablets, the first books of humankind, some 5300 years old, were left in ruins and the majority stolen from the Museum. This center housed texts from Sumer, Acadia, Babylonia, Assyria, Chaldea, Persia and various Arabian dynasties. If the reader is not aware, it is necessary to point out that in this Museum were guarded the tablets of the Code of Hammurabi, the first registered set of laws in the world. Similarly, hundreds of clay tablets not yet deciphered disappeared, some containing data about the origin of writing. Tablets inscribed with the Epic of Gilgamesh were stolen. Tablets from the library of Sippar have yet to be found.

In sum, this is what I encountered during my first visit. As of today, there is no method to inventory the magnitude of the disaster to the Iraqi cultural patrimony. The collection of 5000 Islamic manuscripts from the Al-Awqaf Library no longer exists. The inter-university library of the Madrasa Mustansiriya was destroyed and partially looted. The facilities of the University of Baghdad, founded in 1956, have been the sites of looting and fires. Saddam Hussein's manuscript collection, known as Dar Saddam li-l-makhtoutat, was saved because its director, Usama N. al-Naqshabandi, hid it. According to estimates in a confidential report in my possession, losses at the Archeological Museum due to looting are 25% and 33% due to damage, while at the National Library the estimate of loss due to damage has reached a figure of 50%.

Iman Mohammad al-Jawad al-Tamimi publicly stated that he, with other Iraqis, wanted to safeguard part of the library and had transported by truck several thousand of manuscripts and books to the mosque at Al Hak. Soon there will be determination by the United States government about the possibility that losses were less severe than previously thought since dozens of volunteers a few days before the war had hidden books and artifacts all over Baghdad. But this could be an opportune rumor; now it is hinted that the books and objects will not be returned until the departure of what many in the Arab world judge as invaders.

A young student at the University of Baghdad and resident of the Al-Mansur neighborhood told me, "Some day someone will set fire to the Library of Congress of the United States, you know, and not as much will be lost as has been destroyed here." When considering the cultural importance of Iraq, keep in mind that this country has hundreds of sites declared by UNESCO as cultural heritage of all mankind. In this region is found Nineveh, from where governed Ashurbanipal, Uruk, where have been found the first samples of writing, Hatra, Ashur, capital of the Assyrian Empire, finally Babylonia.

As of today, meaning May 13, after visiting several cultural centers my reaction is the same, stupefaction mixed with acute indignation. Yesterday, a group of fifteen Museum employees accused their previous Director, Jabir Khalil, of being a thief, which produced additional concerns for the (UNESCO) investigators. Two or three hypotheses have germinated about the causes of the past events and about culpable parties. During two meetings, I was surprised to observe that the true preoccupation of the Americans was not the actual destruction, but the cleansing of the image of the military with the end to prevent giving cause for the accusation of soldiers' complicity in crimes related to the theft of cultural property, or for the entire nation to be listed in the registers of biblioclasts.

With a priori reasoning the thesis has been put forth that all was conducted by organized crime, by gangs dedicated to the illicit commerce of books and art, of which I do not doubt nor corroborate. The official in charge--whose name I will not disclose so as to maintain the transparency of the investigation--suspicious of my questions, insisted on what has become a point of honor for the govenrment of the United States. He said, "No soldier robbed or destroyed cultural material. The damage was done by the Iraqis themselves". Something that has provoked cynical smiles is the assertion that only 28 artifacts were taken, the most notable of which is the marble head of the Lady of Warka from about 3200 B.C. If this were true, the present recuperation efforts would be inexplicable--as noted by those involved--as would be the hundreds of recovered objects now visible on tables at the Museum.

In any case the damage is irreversible and there is concrete evidence that even if no American soldiers participated, their superiors had been advised as to what would happen well in advance of the conflict. Professor McGuire Gibson, for example, had told President George Bush that museums, libraries and archeological sites of the entire nation were to be protected and provided a list of the most significant.

By April 9 the Museum of Basra had been completely destroyed including its gardens, due in large part to the negligence of British troops. During the 1990 Gulf War, 4,000 pieces had been stolen from the Museum of Baghdad, a harmful precedent that should have been considered. But, I insist, no one paid attention. A sergeant in the Third Infantry Division told me, while requesting the use of the computer assigned to me to send a message to his girlfriend, that his battalion had not intervened in the looting because they had orders not to fire against civilians, and that besides those were matters for the police. His comments did not prevent me from smiling; the logic of these men is naïve, or simplistically hierarchical.

Unfortunately, and I say this after having been in Baghdad more than a week, I have come to two conjectures that I will later prove or reject. First, those truly responsible for this cultural destruction will resurface unscathed despite their violation of the Hague Convention of 1954; second, the looting will proceed to the provinces, where the destruction continues. In Mosul, the Museum and University libraries vanished. The 100,000 archeological sites are not properly protected; I suspect that in only two or three years this cultural catastrophe will be fully evident. Each district is threatened, and by this I refer to Al Anbar, Al Basra, Al Muthanna, Al Qadisiya, An Najaf, Arbil, As Sulaymaniya, At Ta'mim, Babil, Dahuk, Dhi Qar, Diyala, Karbala', Maysan, Ninawa, Salah and Din Wasit. In Nassariya groups of looters, numbering more than three hundred, remove artifacts each night. They are armed with AK-47s.

Baghdad, for this and for many other reasons best left unsaid, is now an Arabic city occupied by the most repudiated foreign force in the Middle East, a city without governance, besieged by religious conflicts and terrorists attempts, in economic crisis, suffering food rationing, without medicines in hospitals, and if that were not enough its memory has been erased, despoiled, and subjugated. Can a worse destiny be imagined for the place where our civilization began?





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(*) Fernando Báez is a latinoamerican writer. He has special interest in the vulnerability of libraries. Author of La ortodoxia de los herejes, El Tractatus Coislinianus, Alejado, Todo el sol de las sombras, Los fragmentos de Aristóteles, and hundreds of articles in journals published in the United States, Europe, Latin America and Asia. He was awarded the Vintila Horia Prize for Essays for his study of the history of the library of Alexandria. In this moment, his History of destruction of books. From Sumer to Iraq is publishing in Spain.